viernes, 17 de enero de 2014

Oportunidad perdida: Los costos sociales de la deserción escolar

Además de las repercusiones académicas y económicas como resultado de la deserción escolar, hay otras causas y consecuencias de índole social que representan una tragedia anticipada, no sólo en lo particular, también es un golpe para el desarrollo económico y social de México.
De manera reciente la Secretaría de Educación Pública, dio a conocer que, un millón 47 mil 718 niños y jóvenes dejaron de asistir a la escuela en el último periodo escolar. Lo que según la misma instancia, representa un costo de más de 34 mil millones de pesos.
Además de dejar en evidencia que la educación es una de las áreas con más carencias y necesidades, y el fuerte golpe económico que dicha situación representa, un punto medular a considerar sobre la deserción escolar son las consecuencias sociales que trae consigo el hecho de no seguir estudiando.
No se descubre el vapor cuando decimos que uno de los problemas que más afecta el desarrollo del país es precisamente la educación. Aunque se trata de un derecho para todos los mexicanos, desgraciadamente no todos tienen la oportunidad de asistir a la escuela.
Diferentes organismos, instituciones y académicos, han hecho ver que un gran porcentaje de niños que inician la educación básica no logran concluir una carrera profesional, e incluso ni el bachillerato, donde por cierto, se encuentra focalizado el mayor porcentaje de abandono escolar.
Al interrumpir sus estudios, miles de niños y jóvenes condenan su futuro. Si consideramos que las oportunidades para aquellos que logran concluir una carrera profesional son reducidas, aquellos que no pudieron terminar ni siquiera la primaria, están en plena desventaja.
Si bien es cierto que, el estudiar no garantiza conseguir un buen empleo, y que el hecho de no estudiar forzosamente lleve al fracaso, el abandono escolar tiene fuertes implicaciones y costos sociales. No sólo me refiero al impacto a niños o jóvenes, que aunque en definitiva son los más afectados, la sociedad en general paga un enorme precio por eso.
Apenas el año pasado se concretó la cuestionada Reforma Educativa, y aunque seguramente tendrán que pasar algunos años para empezar a ver resultados (buenos o malos), básicamente tiene como objetivo mejorar la calidad de la educación, particularmente desde el salón de clases.
Pero es aquí donde tenemos que hacer un alto, no todos los niños o jóvenes que dejan la escuela lo hacen por cuestiones académicas, es decir, no sólo se trata de que no puedan o no tengan las capacidades para aprender, o que el maestro no enseñe de la forma adecuada.
Cada espacio vacío en un salón de clases representa los otros rostros del México en rezago. Se convierten en sinónimo de pobreza, violencia y desigualdad. Todo ello se resume en oportunidades perdidas. Oportunidades que otros han sabido cómo utilizar.
Basta con hacer un recuento de los niños y jóvenes que se han convertido en victimas y/o victimarios de la violencia para saber quiénes son los que han aprovechado estas oportunidades perdidas. Desde el inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico, se incrementaron los hechos en que menores de edad tenían relación con alguna organización criminal, ya sea como vendedores de droga, “halcones”, e incluso como sicarios.
Con frecuencia e insistencia, los medios de comunicación han condenado esta situación. Repiten reiteradamente que cada vez son más jóvenes aquellos que se dedican a delinquir, robar, asaltar o extorsionar; pero, ¿por qué no pensar que son precisamente esos mismos jóvenes que de niños no pudieron continuar con sus estudios? La diferencia es que eso no causó indignación, y por lo tanto, tampoco fue noticia.
México pasa por una crisis en materia de seguridad que se incrementa agónicamente, lo más delicado es que la solución parece todavía muy lejana. Por eso ante un panorama así, es necesario que se inviertan mayores esfuerzos en la prevención y la contención de males que terminan siendo estructurales.
Una de las salidas es la educación, aunque es cierto que se necesita una fuerte inversión en la capacitación y actualización de los maestros, además del mejoramiento en infraestructura de las escuelas, no se puede dejar de lado los factores que hacen (im) posible que un niño asista a la escuela.
No hay en el mundo un país que haya visto el desarrollo sin invertir en la educación de sus niños y jóvenes. El que ellos asistan o no a la escuela, queda más allá de un tema de responsabilidad familiar, en ello, seguramente va implícita la pobreza y la precariedad, padres que tienen la necesidad de enviar a sus hijos a trabajar, y que ante la escasez y muchas veces el hambre, los convierten en presas fáciles del olvido.
Es vital para México que los niños tengan en sus manos más libros y acceso al conocimiento, que esas sean sus armas para la vida, el mundo que les dejaremos seguramente será más complejo que el de hoy, y en definitiva, es mejor tener un salón de clases lleno, que una oportunidad cedida al crimen sin ninguna resistencia. 

viernes, 10 de enero de 2014

Brecha Digital: La otra exclusión

En los últimos años, el desarrollo de las Tecnologías de la Información ha crecido considerablemente. Si bien el acceso a las mismas se ha incrementado, también han provocado una marcada separación entre quienes tienen la oportunidad y capacidad para utilizarlas, y aquellos que no.
La llamada Brecha Digital, como se le ha denominado este fenómeno, puede ser vista desde diversos ángulos, aunque el resultado viaja siempre hacia la misma dirección: La exclusión y la discriminación. 
El mismo concepto nos obliga a mirar y reflexionar que esta separación empieza a ser más marcada y determinante que la provocada por el analfabetismo tradicional. Los que no están “conectados” sufren las consecuencias y la marginación del determinismo tecnológico.
Pasaron muchas décadas antes de que México pudiera tener una cobertura relativamente aceptable en cuanto a personas capaces de leer y escribir. Pero cuando 
llegó, se encontró con que la comunicación había dado un brinco más allá de lo escrito y se encontraba instalada en la era de la Tecnología y la Información, donde leer y escribir no siempre son suficientes.
Para algunos, el fenómeno de la brecha digital sólo se da en las regiones del país con menos desarrollo o en las zonas rurales, pero no es así. La situación es aún más complicada de lo que parece a simple vista, estamos tocando la puerta que abre paso hacia una nueva forma de exclusión social.
Cuando hablamos de exclusión social nos referimos a los individuos que viven en serias y marcadas desventajas ante el contexto actual, es decir, en situaciones de pobreza extrema, marginación, carencia de servicios básicos y falta de oportunidades.
Esta situación ha provocado que nos encontremos ante una nueva y desafiante realidad, el “Analfabetismo Digital”, individuos que simplemente no tienen relación, acceso y/o vínculo con las tecnologías.
Y es que, aquellos que no tienen contacto con la tecnología no lo han hecho sólo por cuestiones económicas, hay otros más que no tienen los conocimientos que se requieren, mientras tanto, quienes viven en zonas de difícil acceso, hacerlo resulta prácticamente imposible.
Contrario a lo que muchos pudieran pensar, la principal causa para que se dé la brecha digital no sólo es la tecnología y sus usos, también son determinantes la pobreza, el rezago educativo, la carencia en infraestructura y la limitante de la cobertura en todo el país.
Para el 2013, se dio a conocer que en México, 49.4 millones de personas son usuarias de una computadora y 46 millones usan Internet, esto según la Encuesta en Hogares sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información.
Según el INEGI, hay 11.1 millones de hogares que cuentan con computadora, lo que equivale a más del 36% del total; es decir, el 64% no dispone de un ordenador.
En cuanto a la conectividad, son más de 9 millones los hogares que tienen conexión a Internet, lo que corresponde al 30.7% del total del país, lo cual indica que casi el 70% no tiene acceso a la red desde su casa.
Sin embargo, aunque se ha registrado un crecimiento importante en cuanto a niveles de uso, aún hay mucho por hacer. No sólo por aquellos que no tienen acceso a una computadora o a Internet, también es importante lograr que la tecnología tenga un mayor impacto social y productivo. 
Aunque se pudiera pensar que aquellos que tienen mayores oportunidades tecnológicas (cuentan con computadora, servicio de Internet y conocimientos informáticos) tienen más posibilidades de desarrollo, educativo o laboral, no es así. Dicho escenario pone en evidencia la arriesgada situación en la que se encuentran los “Analfabetas Digitales”.
Desde hace más de una década, en México se han implementado diversos programas para reducir la brecha digital, tanto por el gobierno, como por la misma sociedad civil y el sector privado, pero no han sido suficientes para disminuir el rezago existente.
Entre los proyectos planteados, el más reciente es el del Presidente Enrique Peña Nieto, denominado: Estrategia Digital Nacional (EDN), que tiene como finalidad ofrecer mayor transparencia y simplificar trámites, además de mejorar cuestiones relacionadas con salud, educación, seguridad y economía.
Para la reducción de la brecha digital, es importante que se afronte de manera integral y no sólo se quede en una lista de buenas intenciones. Por eso las líneas de acción que se emprenderán a través de la EDN, deben ir más allá de la instalación y dotación de infraestructura, tal como se ha hecho en planes pasados.
No quiere decir que ofrecer computadoras a niños de educación básica sea un gasto inútil, siempre y cuando se haga con el pleno conocimiento de que el problema tiene más fondo. La herramienta tecnológica no garantiza el conocimiento por sí sola.
Otra de las cuestiones fundamentales para reducir la brecha en México, es el acceso y la penetración de Internet; además de que es importante que muchos puedan hacer uso de la red, es necesario que su acceso sea viable para la economía de las mayorías, y que éste sea en las mejores condiciones posibles.
México tiene enfrente un desafío que al ritmo del modelo social vigente, resulta impostergable y en el cual, no sólo se trata de invertir millones de pesos en equipo. Si los planes para reducir la brecha no contemplan a los más vulnerables, la tecnología no será una puerta al desarrollo, sólo se convertirá en una nueva forma de excluir, de dividir y de apagar… 

Offline.

viernes, 3 de enero de 2014

Veinte años del TLCAN: Juventud en el olvido

Sin duda, los jóvenes mexicanos se han convertido en el sector más golpeado por el desempleo y la falta de oportunidades. Los índices de desocupación se han incrementado considerablemente en los últimos años, factores como la inexperiencia e incluso encontrarse sobrecalificados para algún puesto, han dejado a muchos jóvenes a la deriva y en el terreno de lo incierto.
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
Cada inicio de año trae consigo nuevos retos, ilusiones y esperanzas. Es el momento donde se trazan las expectativas y las metas que habrán de cumplirse durante los siguientes 365 días. También es el momento donde muchos deciden iniciar o continuar en la búsqueda de algún empleo, a sabiendas de que el camino para conseguirlo seguramente será escabroso y complicado, y que como ellos, habrá miles intentando lo mismo.
También, este inicio de año se cumple el vigésimo aniversario de haber dado inicio el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un tratado que se trazó con miras muy altas, pero que al pasar de los años, se ha convertido en una enorme decepción para la gran mayoría de los mexicanos.
Y es que lejos de promover el tan ansiado desarrollo, el TLCAN, ha traído más retrocesos que avances significativos, tanto para el país como para la sociedad en general. Simplemente México no avanzó, o no lo hizo al ritmo de los otros integrantes del tratado.
Dicho tratado ha quedado muy lejos de cumplir con las promesas establecidas. Ni el comercio, ni las inversiones extranjeras, ni mucho menos las industria nacional (que terminó siendo de las más afectadas) fueron capaces de ofrecer mejores empleos a los mexicanos.
Después de 20 años, no hay mejores salarios, el desempleo creció alarmantemente, y la migración de mexicanos hacia los Estados Unido siguió sin disminuir como llegó a pensarse.
Cuando el TLCAN se firmó, estaban naciendo los jóvenes que hoy están a medio camino de una carrera profesional, mientras que otros más veían a través de sus padres un camino que prometía mayores oportunidades, pero no fue así.
Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay aproximadamente 200 millones de desempleados, y de éstos, más de 70 millones son jóvenes, casi la mitad.
En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informa que los jóvenes representan las tasas de desocupación más altas, 9.2%, lo que equivale a 975.177 desempleados.
Y si los datos son duros, la realidad es aún más desalentadora. Aunque hay un sector que cuenta con buenas condiciones laborales, no se compara con aquellos que simplemente no consiguen trabajo o que lo hacen desde la informalidad, es decir, donde la precariedad y las malas condiciones son las principales características del empleo.
A comparación de hace 20 años, quizá los jóvenes tengan mayor acceso a la educación, pero hay menos empleos; tienen más acceso a fuentes de información y conocimiento, pero eso no ha sido suficiente para que logren empoderarse y eso se vea reflejado en mejores condiciones laborales.
Una historia que muestra lo complicado que puede resultar adquirir un buen trabajo es la de Carmen, una joven talentosa con una destacada carrera universitaria. 
Hace algunos años, Carmen renunció a su empleo en una compañía de telefonía celular. Aunque era bien remunerado, la presión excesiva por parte de la empresa por incrementar sus ventas, cosa que no estaba establecida en el perfil de su contrato, terminó por afectar su salud.
Fue ahí donde decidió hacer un alto, darle prioridad a la salud, cerrar ese ciclo y “jugársela”. Según el mismo testimonio de Carmen, desde ese día, conseguir un empleo en buenas condiciones se ha convertido en un “calvario”.
Carmen ha pasado ya por varias entrevistas, también ha enviado su currículo a diferentes empresas y compañías de diversas ramas, y nada. Las respuestas parecen ser las mismas, desde aquellos que no la contratan porque su sueldo anterior era alto en comparación con  lo que ellos pueden ofrecerle, otros la consideran sobre calificada y también están los que no la contratan porque carece de experiencia.
“Desde hace dos años me ha tocado ser parte de la triste realidad en México. Escasez de empleo, los pocos que hay son además muy mal remunerados; falta de prestaciones, ya que la gran mayoría de los contratos son eventuales, de tres en tres meses para que no generes antigüedad. A fin de cuentas el afectado, sin importar la perspectiva, es el empleado”.
Aunque el Plan Nacional de Desarrollo asegura que México está experimentando la mejor etapa de su historia en cuanto a la disponibilidad de la fuerza laboral, no es algo que se ve reflejado en lo cotidiano. 
Según el Plan:
“México es un país joven, alrededor de la mitad de la población se encontrará en edad de trabajar durante los próximos 20 años. Este bono demográfico constituye una oportunidad única de desarrollo para el país. La inversión en capital, por su lado, se encuentra en niveles comparables al de economías que han tenido un crecimiento económico elevado en años recientes (24% del PIB)”.
Ciertamente en los jóvenes está la mayor concentración demográfica de México. De 118 millones de mexicanos, más de 30 tienen entre 15 y 29 años. Pero desgraciadamente, de los jóvenes que trabajan, el 61.1% se encuentra en actividades informales, mientras el 38.9% está en puestos formales.
Como Carmen, los jóvenes mexicanos demandan y necesitan oportunidades reales de desarrollo, primordialmente en educación y empleo. Es importante dejar a un lado el pensamiento equívoco de que el desempleo impacta sólo aquellos que no han concluido sus estudios, de hecho, los principales afectados son los que han terminado una carrera profesional.
Si en verdad México quiere abrir las puertas al desarrollo, necesita voltear con urgencia y conceder prioridad a sus jóvenes. Si los veinte años del TLCAN nos sirvieron de muy poco, México no se puede permitir el lujo de seguir exiliando a miles de mexicanos que sienten que no caben en su país, y mucho menos, perder otros veinte años.
Mejores empleos, propósito de año nuevo desde hace veinte años.

miércoles, 1 de enero de 2014

Juárez: La Ciudad que venció al desierto

Cuando uno escucha hablar de Ciudad Juárez, inmediatamente vienen a la mente imágenes cargadas de mucho dolor y sufrimiento, un sinnúmero de historias que pasan de lo increíble a lo real en un momento. Pero, ¿Qué hay detrás de esta enigmática ciudad que a pesar de la desgracia, prevalece y se mantiene de pie?
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
En cualquier buscador de Internet en el que se escribe: Ciudad Juárez, los resultados que se obtienen regularmente son noticias poco agradables, desalentadoras e impactantes. Y no es para menos, Juárez ha sido una ciudad históricamente castigada por la injusticia y la violencia, pero en el desierto mexicano que divide Norteamérica de América Latina no todo es desgracia. 
Juárez siempre ha sido una ciudad pujante, comenzó su historia como una misión, llamada la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, y fue fundada por Fray García de San Francisco, el 8 de diciembre de 1659.
En 1683 se le cambió el nombre y se le llamó Presidio Paso del Norte. Fue en 1826, cuando el primer Congreso Constituyente del Estado de Chihuahua decretó que fuera elevada al rango de Villa, llamándola Paso del Norte. Y hasta el 24 de julio de 1888, el mismo congreso le cambió el nombre al de Ciudad Juárez en homenaje a Benito Juárez García.
De aquellos inicios como misión han pasado ya 354 años. Al paso del tiempo, Juárez ha crecido considerablemente, extendiéndose principalmente hacia el sur y sureste del territorio. La dinámica de la Ciudad permitió que muy pronto se construyeran miles de casas habitación, carreteras, calles, supermercados y centros comerciales, negocios, talleres, parques industriales y plantas maquiladoras.
Al consolidarse como una Ciudad, Juárez trazó su historia como uno de los polos de atracción más grandes en el país; su situación fronteriza le ha permitido, a través de su historia, generar miles de empleos, principalmente en la industria maquiladora y además, la oportunidad de “cruzar” a los Estados Unidos para buscar mejores oportunidades de desarrollo económico y profesional.
A finales de la década de los sesenta, la ciudad se encontró con lo que al paso del tiempo se convertiría en su principal motor de desarrollo, la maquiladora. El proyecto de la Industria Maquiladora de Exportación en México que tenía como objetivo ofrecer una fuente de empleo que elevara la calidad de vida de los fronterizos y evitar que éstos emigraran hacia el vecino país, se quedó en Juárez de manera permanente.
Es prácticamente imposible entender la vida de esta ciudad sin considerar a la maquiladora, y aunque para muchos es motivo de cuestionamientos, Juárez se ha forjado y construido teniéndola  como cimiento. Esto ha permitido tener un crecimiento relativamente estable y fuentes constantes de empleo, además de brindarle la oportunidad de tener una mejor calidad de vida, a personas de estados como Veracruz, Durango, Zacatecas y Coahuila,.
Hablo de la maquiladora porque creo que es ahí donde se ha proyectado uno de los mejores rostros de Juárez, una ciudad que siempre recibe con los brazos abiertos. Desde hace mucho tiempo dejó de ser una estación de paso y se convirtió en una casa para muchos: quienes llegaban con la intención de emigrar hacia los Estados Unidos o venían de forma temporal, terminaron por quedarse y construir su futuro.
Cuando digo que Juárez es una ciudad que abre sus brazos, no me refiero únicamente a la oportunidad de empleo, también lo digo porque históricamente ha sido así. En 1865, durante la Intervención Francesa, fue capital del país cuando Benito Juárez era presidente, el mismo que optó por esta urbe como refugio.
Años más tarde, fue sede de la primera entrevista en México entre un presidente de los Estados Unidos y México, cuando William Howard Taft y Porfirio Díaz se reunieron.
Pero el destino se ha encargado de hacer ver la valía y el temple de esta ciudad. De manera reciente, Juárez ha sido una de las regiones más afectadas por la crisis de inseguridad y violencia que ha azotado a México en los últimos años.
Durante la llamada “Guerra contra el Narcotráfico”, se fueron inversionistas, familias y negocios; además, los medios de comunicación optaron por invertir todos sus recursos informativos en dejar ver el lado más obscuro de Juárez.
Aunque ciertamente sigue padeciendo la violencia, Juárez ha mantenido viva la esperanza de volver a ser una región de paz y prosperidad. Quizá sea el momento de dejar de ver a esta ciudad como una víctima de la inseguridad, y se consideren las cosas buenas que se mantienen, surgen y prevalecen como una victoria social.
Juárez no ha llegado a su punto máximo, se confundió de camino pensando que el vertiginoso ritmo económico era sinónimo de prosperidad y desarrollo, y eso lo pagó muy caro.
Es aquí donde aparece el principal motor de Ciudad Juárez: su gente. Hoy, la sociedad ha entendido que no ha llegado, que para tener una mejor ciudad queda mucho camino por recorrer y construir.
En Juárez hay un enorme parque llamado: “El Chamizal”, es una gigante área verde llena de árboles justo en medio del desierto. Para mí, eso es Juárez. Una ciudad donde puede ocurrir lo imposible, donde a pesar de las circunstancias y adversidades, el árbol que se aferra a vivir y a crecer, lo hace.
Esta es Ciudad Juárez, una ciudad de retos, desafíos y oportunidades constantes. Una ciudad que es más que el narcotráfico y la inseguridad. Más que la ciudad que divide a la potencia mundial de México.
Aunque no se le reconozca, Juárez es la ciudad que venció al desierto. Y ésa, es su mejor victoria. 

martes, 31 de diciembre de 2013

Citas: Adiós 2013


”Me he convencido de que aun cuando todo esta o parece perdido, es preciso reanudar tranquilamente el trabajo comenzado desde el principio. Me he convencido de que es preciso contar siempre con uno mismo y las propias fuerzas. Que es necesario ponerse hacer solo lo que se sabe y se puede hacer y seguir el propio camino” 

- Antonio Gramsci.


viernes, 6 de diciembre de 2013

La violencia escolar: Espejo de la descomposición

En México, durante los últimos años, la violencia escolar se ha incrementado alarmantemente, uno de los principales motivos es que la agresión, en cualquiera de sus formas, se ha naturalizado y legitimado en la sociedad, hogares y medios masivos de comunicación.
Por Noé Alí Sánchez Navarro / Janette Rodríguez Silva
Aunque es un hecho que la violencia escolar o “bullying” ha existido desde hace mucho tiempo, de manera reciente se ha hecho más visible, dañina y cruel. Además, ahora cuenta con otro factor que la hace más impactante: la violencia social.
Precisamente, y a consecuencia de la inseguridad que se vive en las calles, se han implementado programas para evitar que los abusos traspasen los muros de los centros educativos, desde la instalación de videocámaras en el interior de las escuelas hasta la intensificación de programas de autoestima. Pero, ¿qué sucede cuando la violencia ya está adentro?
Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), se calcula que en México,  cuatro de cada diez alumnos han sido víctimas de acoso o agresión por parte de algún compañero. Mientras, para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), nuestro país tiene el deshonroso primer lugar en casos de “bullying” en nivel secundaria. 
Recientemente, se han presentado casos que dan cuenta de la crueldad y el tamaño del problema que tenemos frente a nosotros, ése que muchos insisten en minimizar y reducir al decir que es algo normal, que todos los niños deben pasar por eso porque forja el carácter y así se aprende a relacionarse con los demás.
Un suceso reciente es el de Angelina, una joven de 16 años de edad y de origen Mixteco, quien ha sido víctima de la violencia a manos de sus compañeros de la Escuela Secundaria Técnica Número 42, en Tepito, desde hace dos años y medio.
En un video grabado por los mismos atacantes, se muestra cómo golpean a la joven en el suelo, rematando la violencia con una patada en la cara. Angelina, con cicatrices en su rostro, declaró que en otras ocasiones ha sido encerrada en los baños y orinada por sus compañeros, también relata que sus maestros y personal de la Secundaria han sido testigos de los actos en su contra pero la han ignorado, al igual que las autoridades, a donde la adolescente acudió en compañía de su madre, que no habla español, y al tratar de denunciar las agresiones, nada ocurrió.
Otro desafortunado ejemplo es el de una niña de tan sólo seis años que fue violada en el baño del colegio particular “Las Torres” en Culiacán, Sinaloa, por un menor, mientras dos la sujetaban y otro más vigilaba la puerta. Los cuatro agresores, ya reconocidos por la víctima, son miembros de la institución educativa y tienen entre 10 y 11 años de edad, razón por la que el Presidente de la CEDH, Juan José Ríos Estavillo declaró que “no son sujetos a sanciones penales”.
Los varones no quedan excluidos de la violencia dentro de las escuelas. Ese es el caso de un niño de seis años de edad, miembro de la escuela primaria Miguel Hidalgo en Guadalajara, Jalisco, que fue obligado por tres compañeros de su hermana, de cuarto grado, a entrar a los baños de la institución. Estando dentro, uno de ellos le bajó los pantalones y la ropa interior, sujetó su prepucio y lo cortó con unas tijeras frente a la mirada de sus cómplices de 8 y 9 años.
Finalmente, y para darnos una idea del grado de violencia que han alcanzado a tocar aquellos que serán el “futuro del país”, está el caso de Antonio de Jesús López Monje, un niño de doce años de edad que debido a los golpes que le propinaron cinco alumnos de la misma escuela en que estudiaba, la Secundaria Galileo Galilei en Amozoc, Puebla, hace poco más de un mes, cayó en estado de coma luego de un derrame cerebral.
Los médicos tomaron la decisión de retirar una parte del cráneo a causa de la gran inflamación del cerebro de Antonio, quien hoy, no es capaz de reconocer ni a su propia familia, además de tener la mitad de su cuerpo paralizado y estar a la espera de una nueva intervención para determinar si recuperará la movilidad o tendrá secuelas de por vida.
Se escucha con frecuencia un serio enjuiciamiento hacia los maestros y directivos de las escuelas. De hecho, en algunos casos han sido apartados de sus cargos por este tipo de incidentes, pero el problema tiene más fondo: no toda la responsabilidad está en el aparato escolar.Es vital que como sociedad asumamos que las agresiones que estamos viendo en las escuelas, son reflejo de lo que está sucediendo en las calles, en la casa y en los medios de comunicación. No le podemos exigir a un niño que no actúe o reaccione de forma violenta, cuando todo lo que tiene a su alrededor está lleno de ella.
Hoy, los niños utilizan palabras y realizan acciones que escuchan y ven en torno a la violencia, y no hablo sólo de películas o caricaturas, sino también de los programas de televisión familiares y noticieros. Por eso, es común que desde temprana edad estén jugando a cosas relacionadas con delitos; asignándose roles como el de secuestrador, extorsionador y sicario.
Como sociedad hemos aceptado la violencia como método para la resolución de problemas, y después queremos que las próximas generaciones la rechacen y condenen…es el doble discurso que nos pone el pie sobre el cuello.
El problema es mayúsculo, así es que, si en el futuro queremos tener ciudadanos de bien, empecemos por ser congruentes y aceptando nuestra corresponsabilidad.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Primer año de gobierno: El engaño de la transformación

A pesar de las altas expectativas que generó el regreso del PRI al poder, en este primer año de gobierno el presidente Peña Nieto no ha podido dar solución a problemas que impactan directamente a la sociedad, no hay progreso económico, ni seguridad.
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
Peña Nieto empezó con dando golpes simbólicos y mediáticos muy fuertes pero que, con el paso del tiempo, se fueron diluyendo. Primero fue la firma del llamado “Pacto por México” con las principales fuerzas políticas del país, seguidamente lanzó “La Cruzada Nacional contra el Hambre”, que tuvo mucha aprobación; y, finalmente, la detención de la líder del magisterio, Elba Ester Gordillo, con mensaje presidencial en cadena nacional incluido.
La euforia del cambio se fue apagando. Quizás para muchos un año pueda representar poco tiempo para poder ver avances concretos en materia de seguridad y desarrollo económico, entre otros, pero el problema es que para la gente, en su bolsillo y en las calles, las cosas simplemente no mejoran.
Aunque el gobierno no quiera verlo, existe un desánimo social muy agudo que cada día se agrava más. Ya no se trata sólo de aquellos que no simpatizan con el Presidente o con su partido, sino que tiene relación con los asesinatos que siguen produciéndose, las extorsiones y secuestros que no censan y el precio de los servicios que incrementan al pasar de los días.

Segundo año

Enrique Peña Nieto iniciará su segundo año como presidente sin las expectativas generadas por lo incierto. Ahora, parece imposible esconder la realidad detrás de una encuesta o de una campaña publicitaria.
Altas expectativas para unos, pero para otros sumamente cuestionado por una gran parte de la sociedad. Así inició el gobierno de Peña Nieto su andadura aunque, bien es cierto que tomó un país devastado, sin rumbo, en una profunda crisis social y económica y con una ciudadanía paralizada por el miedo a causa de tanta violencia y muerte.
A pesar de esta realidad, el Presidente cambió los rumbos, se dejó de hablar de muertos, violencia y narcotráfico y se invirtieron todas las baterías en las cinco reformas por las que apostó para “transformar a México”.
El rumbo reformista por el que se ha apostado en el primer año de gobierno ha generado un gran rechazo social. Desde el mismo 1 de diciembre de 2012, se vislumbraba este panorama. Ese día quedó claro, no sólo el rechazo social, sino también la postura que el gobierno adoptaría ante las manifestaciones.
El 2013 ha sido un año de lucha incesante desde las calles, bajo el nombre que sea. Inconformes, quejosos o anarquistas, cada protesta ha sido reflejo de que estamos ante un gobierno que escucha poco, simula el diálogo y le apuesta a la fuerza pública como primera opción.
Uno de los problemas centrales del gobierno que encabeza EPN es que no hay lugar para la autocrítica; y mucho menos se aceptan las opiniones externas con la apertura que el mismo presidente presumió en su primer discurso oficial:
 “Como Presidente democrático respetaré las voces de la sociedad. Voy a ejercer un gobierno abierto, que hable con verdad, que pida opinión, que escuche a la ciudadanía y tome mejores decisiones”.
Enrique Peña Nieto, termina su primer año justo como lo inició: descontento social - reflejado en las manifestaciones y protestas -, regiones del país sumidas en la violencia a consecuencia del narcotráfico y la incapacidad del gobierno por hacerles frente de manera inteligente.
Durante este año, la percepción de la inseguridad aumentó hasta el 72.3%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, la inseguridad y la delincuencia son los principales problemas que los mexicanos enfrentan; seguidos del desempleo y el aumento de precios.
A lo anterior no sólo lo respaldan los números, también la realidad nos empuja a darnos cuenta de que los datos no están fuera de lugar. Como ejemplo están los estados de Guerrero, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, México y recientemente Michoacán. En estas regiones se cometen la mayoría de los actos violentos y, extrañamente, algunos siguen siendo los mismos que cuando el expresidente, Felipe Calderón, inició la “Guerra contra el Narcotráfico”.
Un año puede ser poco tiempo, cierto, pero el problema es que México no ha cambiado ni un poco respecto al país que era hace un año, permanecemos en el mismo sitio o estamos retrocediendo. Es verdad que las reformas propuestas atienden cuestiones que son vitales para el desarrollo del país, pero se han olvidado cuestiones que son primarias como la seguridad y el empleo.
Enrique Peña Nieto iniciará su segundo año como presidente sin las expectativas generadas por lo incierto. Ahora parece imposible esconder la realidad detrás de una encuesta o de una campaña publicitaria.
Viene el segundo capítulo de EPN y lo tendrá que hacer cargando con los problemas que prometió resolver y no ha hecho. Porque mientras en México sigan las desapariciones, los asesinatos, las extorsiones, los secuestros y no se resuelvan los casos impunes del pasado, eso de transformar o mover a México será mero y llano discurso.
Hasta hoy, Enrique Peña Nieto nos sigue debiendo.