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viernes, 21 de febrero de 2014

De la ficción a la realidad: Los niños de la violencia.

Negar o esconder la violencia en México parece una tarea difícil, pero intentar hacerlo con los niños, es prácticamente imposible.

Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
Los niños poseen una característica que siempre los distingue: La curiosidad. Ellos preguntan, indagan y buscan, sin ningún temor a lo que puedan encontrar. Pero también, son inocentes y vulnerables ante la maldad, la inseguridad y la violencia. 
Recuerdo que al inicio de la reciente crisis de violencia, muchos padres y maestros les contaban historias a los niños para evitar que fueran presas del miedo. Relatos que buscaban desviar su atención de los asesinatos que acaecían  diariamente y a unas cuantas calles de sus escuelas o casas.
En muchas escuelas, los niños tuvieron que aprender que, cuando escucharan el sonido de   balazos tenían que tirarse al suelo y no moverse bajo ningún motivo. También, tuvieron que ser testigos de compañeros de clases que jamás volvieran, y que desaparecieron sin dejar rastro; además de acostumbrarse (en algunos casos) a ver policías y hasta soldados, patrullar durante todo el día por sus calles.
Los niños han tenido que soportar la pérdida de un ser querido, alguien a quien dejaron de ver y que seguramente, la explicación que les dieron sobre su muerte o desaparición, fue fría y escueta, pero que indudablemente, y a su modo de ver la vida, ellos comprendieron.
Ellos entienden que en el México de hoy ese tipo de cosas suceden, lo saben porque ven armas largas en muchos lugares por donde ellos transitan (en el centro comercial, en el parque, en el barrio), lo saben porque lo ven en diferentes programas de televisión y además, lo saben porque les ha tocado presenciarlo, escucharlo y vivirlo. 
Sí, nuestros niños saben desde hace mucho que algo anda mal.
Quizás, podríamos pensar que en el mundo de los niños ese tipo de situaciones pasan a segundo término o desapercibidas, pero no es así, no sólo me refiero a que sean víctimas directas de la violencia para que esto afecte su desarrollo, el sólo hecho de convivir en un entorno así, está dejando una marca que puede ser imborrable.
Desde que los índices de inseguridad y violencia se incrementaron, los principales esfuerzos para contrarrestarlos han sido para combatirla de forma directa: Con igual o más violencia, lo que ha dado como resultado más errores que aciertos, es decir, mayor inseguridad, muerte e injusticia.
Precisamente, esos grandes errores son los que han dejado a miles de niños en total abandono familiar, material y emocional.  Aunque es difícil concretar una cifra exacta, se sabe que a raíz de la inseguridad, y no sólo me refiero a la guerra contra el narcotráfico, sino también a los secuestros, asaltos, extorsiones, ejecuciones, y otro tipo de crímenes, miles de niños han perdido a su padre o madre, y en algunos casos a ambos.
Son miles los infantes que han quedado desprotegidos y sin cuidado, porque muchos de ellos no cuentan con algún familiar que pueda hacerse cargo de ellos después de perder a sus padres, y en algunos casos o en la mayoría, el gobierno no cuenta con los espacios suficientes o personal capacitado para atender este tipo de situaciones. Son los huérfanos de la violencia.
A otros niños no les ha quedado más opción que el crimen, porque aunque nos duela reconocerlo y aceptarlo, es así, cada vez son más casos donde se encuentran a menores relacionados con el crimen, ¿Se acuerdan de “El Ponchis”?  Que a los 14 años confesó haber matado a cuatro personas y también haber participado en varios secuestros. Pues de eso estoy hablando, no como tema aislado y lejano, sino como contundente síntoma de un mal que avanza. Son los herederos de la violencia.
Hoy, cuando las autodefensas son un tema urgente en el país, y que sus causas y formas pueden verse desde diferentes ángulos, nos encontramos a menores de edad que han tenido que tomar las armas para defender lo suyo, a los suyos, y a ellos mismos. Son los hijos de la violencia.  
Los otros, desgraciadamente son las víctimas de la violencia, aquellos niños que sus sueños fueron interrumpidos a costa de la violencia social que predomina en los últimos años. De acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM), de diciembre de 2006 a octubre del año pasado, fueron 1.837 los menores de edad que murieron a consecuencia del crimen organizado.
Allá vienen las próximas generaciones, aquellas que están creciendo a la sombra de la muerte, la injusticia y el abandono. Pueden decirme pesimista, pero la realidad es que hay miles de niños que se nos están quedando en el olvido mientras intentamos salvar al país. Es imposible que ante un panorama así, los niños no se den cuenta de lo que está pasando, pero lo que me parece más increíble es la indiferencia que existe ante esta situación.  
Décadas atrás, los juegos de policías y villanos, aquellos con pistolas y balas de goma, eran solamente eso: un juego. Hoy, es una realidad a la cual ya no se le puede inventar una historia: Son los niños de México.

viernes, 14 de febrero de 2014

Armas bajo la almohada: Las otras autodefensas

La prolongada y devastadora crisis de inseguridad y violencia que se vive en México ha generado que algunos sectores de la sociedad tomen las armas para defenderse de los criminales y que, otros tantos, justifiquen esta medida.
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz

El nacimiento de las autodefensas en algunos estados del país no sólo representa el hartazgo y la ausencia de las autoridades en muchas regiones, también deja entrever que la violencia se ha convertido en el único camino para resolver conflictos.
La realidad reclama su lugar siempre. Poco pudo lograr el gobierno escondiendo una situación que era más que evidente: las cosas no han cambiado nada. Las redes del narcotráfico siguen envolviendo y marcando el ritmo del país, mientras que las estrategias por parte del gobierno para afrontarlo se reducen a discursos.
La situación que vive Michoacán representa el México que muchos se niegan a reconocer, donde, independientemente de la presencia de las fuerzas armadas y las altas inversiones económicas en armamento y equipo de inteligencia, la violencia no se detiene. Todos los días mueren personas y el temor prevalece.
Lo que vimos en años pasados fue una lucha incesante entre el gobierno y algunos grupos del crimen organizado, teniendo en medio del conflicto a una sociedad en pánico y sin capacidad de respuesta.
Hoy la situación es distinta y, aunque los llamados grupos de autodefensa existen desde hace tiempo, la relevancia que sus posturas y acciones han tomado de manera reciente deben ser motivo de una reflexión más profunda.
El hecho de que los ciudadanos estén tomando las armas no es una realidad exclusiva de Michoacán o Guerrero. De hecho, ya en varios estados del país se ha detectado la presencia y organización de este tipo de grupos.
El acoso, el asalto, el robo, la extorsión y el secuestro han provocado que miles de ciudadanos decidan tener un arma de fuego en casa, propiedad o negocio, con la intención de tener algo con que defenderse y, así, sentirse más seguros.
Mucho se ha hablado de los grupos de autodefensa recientemente, desde los que están en su contra y hasta los que justifican sus acciones, pero es importante considerar que esta situación también puede representar síntomas de problemas más graves, dolorosos y profundos.
Ante el ambiente de violencia, inseguridad e impunidad que agónicamente crece o se transforma en México, nos estamos acostumbrando a la violencia como vía para solucionar conflictos o situaciones, justificando el uso excesivo de la fuerza e incluso la muerte contra aquellos que creemos la merecen.
Hoy, es común que ciudadanos cansados del acoso, hostigamiento y abuso por parte de los criminales decidan hacer valer la justicia por sus propias manos y, aunque se ha convertido en tema recurrente, incluso por los medios de comunicación, lo hemos dejado pasar pensando que se resolverá por sí solo.
En los últimos años es frecuente encontrarse con situaciones donde pobladores han linchado, quemado, golpeado e incluso asesinado a ladrones, secuestradores y extorsionadores. Hechos inequívocos de la palpable ausencia por parte del Estado, de la poderosa y multiplicadora red criminal y del cansancio de millones de ciudadanos.
Ésas son las otras autodefensas, las que no están organizadas y que en muchas ocasiones no tienen armas. Las mueve el hartazgo, el coraje y la desesperación de verse solos y amenazados.  Ésas son las otras realidades: armarse hasta los dientes con palos, piedras y fuego, apostando todo a tomarse la justicia por cuenta propia.
Además de estos casos, desde hace tiempo se ha incrementado el número de civiles que cuentan con un arma de fuego en su poder, ya sea de manera legal o ilegal. Asimismo, también han aumentado los empresarios, políticos y sus respectivas familias, que todos los días salen de su casa con un arma de fuego en su vehículo o con guardias que las portan.
El problema es mayúsculo, hoy hemos puesto atención en lo que pasa en Michoacán, pero en muchas otras regiones del país está pasando exactamente lo mismo, sólo que con manifestaciones distintas. El miedo se ha convertido en un catalizador de más violencia.
Aparte del urgente trabajo que se tiene que hacer en Michoacán, el gran desafío del gobierno es lograr acercarse a donde están surgiendo grupos de esta naturaleza o donde los ciudadanos viven con el miedo de perder todo lo que tienen y deciden defenderse con lo que pueden.
Negocios prácticamente blindados para evitar ser asaltados; colonias que han sido amuralladas por los propios residentes; y dueños de pequeñas empresas que simplemente no pueden poner un pie en su establecimiento por el miedo de ser secuestrados o extorsionados. Ésas son las otras formas de defenderse.
La justicia por cuenta propia y las armas bajo la almohada, guardadas en un cajón, en el armario o bajo el mostrador de algún negocio, hoy en día, representan que el Estado no está cumpliendo con una responsabilidad primaria: garantizar la seguridad de todos sus ciudadanos.

viernes, 31 de enero de 2014

Indocumentados: Los huérfanos de México.


No es un secreto, todo el mundo sabe que un gran número de mexicanos vive en Estados Unidos, y que muchos de ellos lo hacen de manera ilegal. Millones de familias se encuentran divididas por el llamado “sueño americano”, mientras unos se van a buscar mejor suerte, otros se quedan a la espera de un regreso que posiblemente no llegará.
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
El caso de Edgar Tamayo, el mexicano acusado de homicidio y ejecutado en Estados Unidos hace algunos días, generó gran controversia y sacudió a la sociedad. Los medios brindaron una amplia cobertura, y algunos políticos y líderes sociales hicieron pública su indignación, pero fue demasiado tarde.
La historia de Tamayo deja entrever una herida que lejos de sanar y encontrar remedio, se agrava y profundiza más, es la realidad en la que viven muchos mexicanos, que ante las pocas o nulas oportunidades de desarrollo económico, decidieron ir en busca del “sueño americano”.
Desde hace muchos años, México se ha venido convirtiendo en un país que exilia a sus ciudadanos, y desgraciadamente, la sociedad parece haberse acostumbrado a ello. Hoy en día, ya no se trata sólo de aquellos que se han ido con la intención de conseguir un mejor empleo. Ahora, también hablamos de los miles de desplazados, que a consecuencia de la violencia y la inseguridad que se vive en la mayoría de los estados, han tenido que buscar refugio en el vecino país.
Los números, aunque parezcan fríos, permiten tener una ventana de lo que representa este fenómeno social. Según las estadísticas, en Estados Unidos viven aproximadamente 12 millones de personas en calidad de indocumentados, y la mayoría de ellos son provenientes de México.
Es una realidad que la sociedad migrante cada vez enfrenta ambientes y problemas más complejos y hostiles, principalmente en materia de derechos humanos. En el caso de los mexicanos que radican como ilegales en Estados Unidos, viven bajo el peligro inminente de ser deportados, situación que representaría separarlos de sus familias y dejarlos a su suerte.
Los casos no son menos, basta con asomarse a lo que publican los medios latinos y los mismos testimonios de los indocumentados, para darse cuenta que las cosas no han mejorado, al contrario, prevalece el abuso, la discriminación, la desigualdad y en muchos casos la violencia hacia los migrantes.
Hay con frecuencia un serio enjuiciamiento hacia el gobierno de los Estados Unidos por la situación que viven los indocumentados, y aunque definitivamente existe responsabilidad, creo que también tendríamos que pensar en lo que en México (no) estamos haciendo para que cada año, miles y miles decidan irse convencidos de no regresar.
Los mexicanos que se fueron no lo hicieron por gusto, y aunque los motivos puedan parecer muchos, la realidad, es que todo se centra en la falta de oportunidades, la desigualdad y la marcada pobreza que  encuentran en sus lugares de origen.
Convencidos de que conseguirán un ingreso económico mayor que en México, se van a sabiendas de que difícilmente van a regresar, pero tristemente, también lo hacen totalmente convencidos de que aquí, en México, no caben más.
Para muchos de ellos, lo ilegal se ha convertido en lo cotidiano, acostumbrados a utilizar documentos falsos para poderse mover con relativa tranquilidad, desde licencias de manejo hasta pasaportes, construyendo una nueva identidad en la que está totalmente prohibido decirse o parecer mexicano.
Aunque pudiera parecer que los que viven en esas circunstancias llevan una vida normal y serena, es un hecho que la ilegalidad y clandestinidad fracturan la libertad. A esto hay que añadir que al dejar su lugar de origen e imposibilitados para volver, el lazo familiar termina por verse seriamente quebrantado.
El flujo constante de mexicanos pretendiendo entrar a Estados Unidos, que incluso para hacerlo ponen en riesgo su vida, al intentar cruzar el río o enfrentar las inclemencias del desierto, pone de manifiesto que México no es patria para todos sus hijos. 
Desgraciadamente, también como sociedad, nos hemos acostumbrado a que algunos se tienen que ir, haciéndonos a la idea de que no todos cabemos en este país. Y así, le abrimos la puerta trasera a millones de generaciones que no encontraron su lugar aquí y se fueron sin tener boleto de regreso.
El precio del “sueño americano”, se paga con la libertad, la familia y en muchas ocasiones hasta con la vida. Al perseguir ese sueño, la culpa no es sólo de los que se van; de las tragedias al cruzar la frontera y de los huérfanos de la patria, todos tenemos cierta responsabilidad.

viernes, 24 de enero de 2014

Suicidio: El reclamo a la violencia en la desesperanza

Aunque el suicidio ha existido desde hace mucho tiempo, su incremento en los últimos años es una muestra de la crisis social y violencia que venimos padeciendo en México.
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
No se trata de hechos aislados y/o circunstanciales, representan un reclamo, la frustración de los sueños y la ausencia de la esperanza.
En México, el suicidio no solo se trata de un problema de salud pública, también es la combinación de otros factores, a los cuales se les ha prestado poca atención, pero que se han convertido en determinantes para las personas que han optado por quitarse la vida como salida de emergencia.
Recientemente, sucesos de este fenómeno social, se han hecho más visibles que hace algunos años. Muchas de las personas que se suicidaron se han despedido o anunciado su muerte utilizando las redes sociales, pero el problema tiene historia,  no por nada, el suicidio  representa una de las primeras causas de muerte entre los jóvenes de entre 15 y 19 años.
Hace algunos días, la Secretaría de Salud dio a conocer que el suicidio ha crecido en un 300 por ciento en las últimas tres décadas, con un promedio de cuatro casos por cada 100 mil habitantes.
Según el informe, el sector de la población más expuesto es el de los jóvenes. El suicidio  en el grupo de 14 a 19 años representa el 10.64% en hombres y 18.11%. En las edades comprendidas entre los 20 y 24 años, el 15.40% son hombres y el 17.34% mujeres y  finalmente, en el grupo de 25 a 29, los hombres representan el 13.73%, y las mujeres el 12.16%.
En México, la Secretaría de Salud estima que anualmente se registran 14 mil intentos.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la media de personas que diariamente acaba con su vida es de aproximadamente 3 mil personas, por cada una de ellas que lo logra hay 20 más intentándolo. 
Expertos afirman que cuando las personas logran suicidarse ya han pasado por algunos intentos previos, pero también es importante destacar, que difícilmente se trata de una decisión repentina. En muchos de los casos se trata de una cadena de eventos que provoca el deseo de morir, en ello, va una fuerte carga del contexto en el que viven y se desenvuelven, la realidad es determinante.
Aunque muchos señalan que los principales motivos o causas que llevan al suicidio son: la depresión, la soledad, algún problema familiar o con la pareja, la presión social, la drogadicción y el alcoholismo,  el ambiente social también se ha convertido en un elemento determinante que provoca tomar una decisión de esa magnitud.
Ese contexto social se engloba en la desesperanza, es decir, en la pérdida del sentido de la vida, donde van implícitos factores como el desempleo, la pobreza, la injusticia, la falta de oportunidades y la violencia, situaciones que a la larga han generado un ambiente asfixiante y sumamente desalentador. 
Desde principios de este siglo, México enfrenta un fuerte crecimiento en índices de inseguridad y violencia, éstos se han prolongado y agudizado en los últimos seis años. Los homicidios violentos se han convertido prácticamente en cosa de todos los días. 
Sumado a los homicidios a causa de la inseguridad, también se han incrementado otras formas de ejercer y padecer la violencia que han crecido a la sombra de la inseguridad y la impunidad. Por ejemplo: La violencia doméstica, los asaltos, la extorsión y las violaciones sexuales.
Es innegable que la violencia ha sacudido al país, generando un clima donde predomina el miedo y se traza una corta expectativa de vida. La violencia trastocó las formas de socializar y convivir, nos ha hecho profundamente individualistas, temerosos del otro y solitarios.
Ciertamente la tristeza, la depresión y la frustración pueden ser elementos claves para hablar del suicidio, pero la época reciente, en donde el incremento de la violencia social ha ido a la par de las personas que se han quitado vida, es un foco rojo al cual se debe prestar mayor atención.
El suicidio no se trata de un hecho totalmente individualista, al menos no si lo vemos desde sus causas. También es reflejo de que como sociedad algo estamos haciendo mal, es una proyección de nosotros mismos que lleva un reclamo en contra de la violencia que todos padecemos.
Aunque la construcción suicida es sumamente compleja, ante la realidad que vivimos es importante considerar que, la violencia, la inseguridad, la injusticia, la pobreza y la impunidad son factores que engendran la desesperanza, y justo ahí y en el terreno de lo incierto, hay una puerta llamada: suicidio.
Lo planteo en otra dimensión, dada la situación que vive el país, si México fuera un individuo estaría al borde del suicidio.

miércoles, 1 de enero de 2014

Juárez: La Ciudad que venció al desierto

Cuando uno escucha hablar de Ciudad Juárez, inmediatamente vienen a la mente imágenes cargadas de mucho dolor y sufrimiento, un sinnúmero de historias que pasan de lo increíble a lo real en un momento. Pero, ¿Qué hay detrás de esta enigmática ciudad que a pesar de la desgracia, prevalece y se mantiene de pie?
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
En cualquier buscador de Internet en el que se escribe: Ciudad Juárez, los resultados que se obtienen regularmente son noticias poco agradables, desalentadoras e impactantes. Y no es para menos, Juárez ha sido una ciudad históricamente castigada por la injusticia y la violencia, pero en el desierto mexicano que divide Norteamérica de América Latina no todo es desgracia. 
Juárez siempre ha sido una ciudad pujante, comenzó su historia como una misión, llamada la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de los Mansos del Paso del Norte, y fue fundada por Fray García de San Francisco, el 8 de diciembre de 1659.
En 1683 se le cambió el nombre y se le llamó Presidio Paso del Norte. Fue en 1826, cuando el primer Congreso Constituyente del Estado de Chihuahua decretó que fuera elevada al rango de Villa, llamándola Paso del Norte. Y hasta el 24 de julio de 1888, el mismo congreso le cambió el nombre al de Ciudad Juárez en homenaje a Benito Juárez García.
De aquellos inicios como misión han pasado ya 354 años. Al paso del tiempo, Juárez ha crecido considerablemente, extendiéndose principalmente hacia el sur y sureste del territorio. La dinámica de la Ciudad permitió que muy pronto se construyeran miles de casas habitación, carreteras, calles, supermercados y centros comerciales, negocios, talleres, parques industriales y plantas maquiladoras.
Al consolidarse como una Ciudad, Juárez trazó su historia como uno de los polos de atracción más grandes en el país; su situación fronteriza le ha permitido, a través de su historia, generar miles de empleos, principalmente en la industria maquiladora y además, la oportunidad de “cruzar” a los Estados Unidos para buscar mejores oportunidades de desarrollo económico y profesional.
A finales de la década de los sesenta, la ciudad se encontró con lo que al paso del tiempo se convertiría en su principal motor de desarrollo, la maquiladora. El proyecto de la Industria Maquiladora de Exportación en México que tenía como objetivo ofrecer una fuente de empleo que elevara la calidad de vida de los fronterizos y evitar que éstos emigraran hacia el vecino país, se quedó en Juárez de manera permanente.
Es prácticamente imposible entender la vida de esta ciudad sin considerar a la maquiladora, y aunque para muchos es motivo de cuestionamientos, Juárez se ha forjado y construido teniéndola  como cimiento. Esto ha permitido tener un crecimiento relativamente estable y fuentes constantes de empleo, además de brindarle la oportunidad de tener una mejor calidad de vida, a personas de estados como Veracruz, Durango, Zacatecas y Coahuila,.
Hablo de la maquiladora porque creo que es ahí donde se ha proyectado uno de los mejores rostros de Juárez, una ciudad que siempre recibe con los brazos abiertos. Desde hace mucho tiempo dejó de ser una estación de paso y se convirtió en una casa para muchos: quienes llegaban con la intención de emigrar hacia los Estados Unidos o venían de forma temporal, terminaron por quedarse y construir su futuro.
Cuando digo que Juárez es una ciudad que abre sus brazos, no me refiero únicamente a la oportunidad de empleo, también lo digo porque históricamente ha sido así. En 1865, durante la Intervención Francesa, fue capital del país cuando Benito Juárez era presidente, el mismo que optó por esta urbe como refugio.
Años más tarde, fue sede de la primera entrevista en México entre un presidente de los Estados Unidos y México, cuando William Howard Taft y Porfirio Díaz se reunieron.
Pero el destino se ha encargado de hacer ver la valía y el temple de esta ciudad. De manera reciente, Juárez ha sido una de las regiones más afectadas por la crisis de inseguridad y violencia que ha azotado a México en los últimos años.
Durante la llamada “Guerra contra el Narcotráfico”, se fueron inversionistas, familias y negocios; además, los medios de comunicación optaron por invertir todos sus recursos informativos en dejar ver el lado más obscuro de Juárez.
Aunque ciertamente sigue padeciendo la violencia, Juárez ha mantenido viva la esperanza de volver a ser una región de paz y prosperidad. Quizá sea el momento de dejar de ver a esta ciudad como una víctima de la inseguridad, y se consideren las cosas buenas que se mantienen, surgen y prevalecen como una victoria social.
Juárez no ha llegado a su punto máximo, se confundió de camino pensando que el vertiginoso ritmo económico era sinónimo de prosperidad y desarrollo, y eso lo pagó muy caro.
Es aquí donde aparece el principal motor de Ciudad Juárez: su gente. Hoy, la sociedad ha entendido que no ha llegado, que para tener una mejor ciudad queda mucho camino por recorrer y construir.
En Juárez hay un enorme parque llamado: “El Chamizal”, es una gigante área verde llena de árboles justo en medio del desierto. Para mí, eso es Juárez. Una ciudad donde puede ocurrir lo imposible, donde a pesar de las circunstancias y adversidades, el árbol que se aferra a vivir y a crecer, lo hace.
Esta es Ciudad Juárez, una ciudad de retos, desafíos y oportunidades constantes. Una ciudad que es más que el narcotráfico y la inseguridad. Más que la ciudad que divide a la potencia mundial de México.
Aunque no se le reconozca, Juárez es la ciudad que venció al desierto. Y ésa, es su mejor victoria. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Una amenaza mortal acecha a México: La impunidad

A las autoridades mexicanas les importa muy poco esclarecer los asesinatos, las agresiones y desapariciones de periodistas. Así lo han dejado ver los pocos o nulos avances de las investigaciones sobre varios casos, la mayoría de ellos, archivados.
Por: Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
Organizaciones como Reporteros sin Fronteras (RSF), Artículo 19 y la misma Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), han informado de que en México, del año 2000 al 2013 han sido asesinados más de 80 periodistas.
Es un hecho que ser periodista en México es una profesión de alto riesgo. Además de las agresiones y amenazas de los grupos del crimen organizado de las que son objeto, e incluso por mismas autoridades, no hay que olvidar la poca protección con la que cuentan para realizar su trabajo.
En mayo de este año, en el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) dio a conocer una lista de los 12 países con mayores índices de impunidad en casos de periodistas asesinados, donde México ocupa el séptimo lugar. Además, según la misma organización, es el país donde desaparecen más periodistas.
El pasado 13 de noviembre se cumplieron cinco años del asesinato del periodista José Armando Rodríguez Carreón, “El Choco”, como le decían sus amigos. Hasta esta fecha, la Fiscalía de Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle), que tomó el caso hace pocos meses, no tiene avances que resulten significativos. 
Fue precisamente en el 2008, año que representó el inicio de las más fuerte crisis de inseguridad y violencia que haya pasado Ciudad Juárez, cuando Armando Rodríguez fue asesinado afuera de su casa. Le dispararon 10 veces con un arma de 9 milímetros.
El motivo del asesinato se desconoce. Aunque se sabía, incluso por las mismas autoridades, que Armando había sido amenazado tiempo antes del atentado, no se hizo nada para protegerlo.
Armando era uno de los periodistas más leídos en la ciudad, sus notas y artículos eran contundentes y críticos. Contaba con más de 10 años de experiencia en los medios y fue un periodista ampliamente reconocido por la policía. Para sus colegas, su trabajo permitió descubrir muchas cosas relacionadas con la inseguridad en la ciudad, redes de corrupción y narcotráfico.
Desde sus inicios, la investigación sobre Armando ha sido deficiente y llena de irregularidades. Cada año que pasa hay algo nuevo, algo que no engrana con lo que se había investigado anteriormente; hay muchos nombres y apodos pero no hay culpables.
La red de periodistas de Ciudad Juárez ha estado al pendiente del proceso y ha denunciado que en la investigación no hay avances, ni con las autoridades del estado ni con las federales. Ya desde el 2012 esta organización había denunciado que no existían rastros de los autores materiales e intelectuales del crimen, lo que para esta organización significa que no hay intenciones de las autoridades por resolver el caso de Armando.
En el 2010, el entonces presidente Felipe Calderón, dijo que la investigación ya había concluido, cosa totalmente falsa. Ahora, para este quinto aniversario, la fiscalía ha dado a conocer una sexta versión de lo sucedido, la cual dice que el responsable del crimen ya está muerto.
Otra organización dedicada a la defensa de la libertad de expresión y que ha seguido el caso, es Artículo 19 México. La organización ha denunciado, a través de diferentes espacios, los asesinatos y desapariciones de periodistas, y ha exigido al Estado su resolución.
Obviamente, el problema central es la violencia, porque cualquier país que tenga condenada y callada la voz de sus informadores está atentando directamente contra una sociedad que desea estar informada, pero también representa la poca capacidad de las autoridades en cada uno de los casos, los mismos que van dejando en el pasado, empolvándose y haciéndose viejos.Esta organización presentó una campaña llamada #ImpunidadMata, que tiene como objetivo visibilizar los hechos impunes sobre periodistas que hay en México. En esta campaña de documentales aparece la historia de Armando Rodríguez, que da cuenta de la serie de rezagos que han existido en la investigación desde sus inicios.
Pero lo que no se hace viejo es el dolor de la ausencia y la impunidad, eso sigue ahí, no se va, permanece y asfixia, se hace presente cada día para los familiares y amigos de Armando, porque cada año que pasa es lo mismo: los avances son nulos y no van a ninguna parte.
Como el caso de Armando hay muchos más. Desde el mandato de Felipe Calderón, el gobierno ha simulado que hace algo por los periodistas, lanzando campañas, protocolos de seguridad, discursos y acciones que terminan fracasando. Ninguna autoridad, ni estatal ni federal, se preocupan por este tipo de situaciones en profundidad.
En conclusión, no hay indicios de que se le hará justicia a la libertad de expresión.
Lo anterior es clara muestra de que asesinar a un periodista en México, no tiene consecuencias y eso es extremadamente grave. Con ello, se demuestra que la libertad de prensa y de expresión es simulada, está compuesta por mentiras y está condenada.
Los crímenes, amenazas y asesinatos a periodistas en México se investigan poco, mal o nada. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Sin periodismo libre; ni libertad, ni democracia

México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer un periodismo libre y el Estado se muestra ineficiente para hacer justicia y brindar garantías a los periodistas.

Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz

El 16 de Septiembre se celebra el día en que México comenzó la lucha por su independencia en 1810, es un día de fiesta nacional donde se recuerda a los personajes que iniciaron la historia de un país libre y soberano.
Hace tres años, precisamente un 16 de septiembre, después de los festejos patrios, a Luis Carlos Santiago Orozco le arrebataron la vida con varios disparos, uno de ellos en la cabeza.
Luis Carlos era fotógrafo de El Diario de Juárez, uno de los principales periódicos en el estado de Chihuahua, tenía 21 años de edad, y tan sólo dos semanas de haber iniciado su aventura en el periodismo como becario en este medio.
El joven fotógrafo fue asesinado cuando abordaba el vehículo en el que se transportaba, y que estaba estacionado en un centro comercial cercano al periódico. Desde que sucedió el homicidio, el mismo medio de comunicación ha estado al pendiente del desarrollo de la investigación, misma que al llegar a su tercer año de iniciada tiene el mismo resultado, nada.
México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer un periodismo libre, sin censura, ni violencia. 
Como la historia de Luis Carlos hay muchas más, vidas que han sido opacadas y periodistas callados a través de las balas y el miedo. No por nada, México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer un periodismo libre, sin censura, ni violencia; y donde ha quedado en evidencia la ineficiencia del gobierno para hacer justicia y brindar garantías a quienes día a día salen a trabajar sin tener la certeza de que van a regresar a casa.
Según información periodística y de diferentes ONGs, en el mismo año en que Luis fue asesinado, el 2010, uno de los más violentos en la historia del país, fueron asesinados más de diez periodistas. La preocupación recae en que a pesar de la alternancia política que ha vivido el país, la situación no ha mejorado, al contrario, se ha agudizado más.
Cierta “libertad” de la que gozan hoy los medios de comunicación parecía ser imposible antes del año 2000, es decir cuando el PRI gobernaba. La llegada del PAN a la presidencia, permitió mayor acceso y oportunidad a los medios, pero paradójicamente también dejó más agresiones y muertes. La organización Artículo 19, defensora de la libertad de expresión, reveló que del 2000 al 2012, (periodo gobernado por el PAN) fueron asesinados 70 periodistas.
Algunas de las cosas que ha traído el regreso del PRI al poder, es el sentido reformista en el que ha entrado el país, y el ocultamiento de información de hechos violentos y asesinatos, sin duda, todo lo anterior ha generado que los medios también cambien sus formas de hacer periodismo.
Los temas relacionados con la violencia y al narcotráfico han disminuido considerablemente en las agendas de muchos medios, aunque esto no quiere decir que la violencia haya desparecido o que las agresiones a medios y periodistas no se estén dando. De hecho, han persistido.
A inicios de este año, el periódico Mural en Guadalajara fue atacado con explosivos, a este evento se agregaron otros atentados más, al periódico Zócalo, al siglo de Torreón, al mismo Diario de Juárez, y al canal de televisión 44, de Ciudad Juárez.
El miedo no puede, ni debe ser el motor que genere los cambios que el país necesita.
Aunque con frecuencia los ataques han sido ligados al crimen organizado, la misma organización Artículo 19, ha expresado su preocupación por la participación del gobierno en algunas agresiones.
Entre las agresiones a medios y periodistas, la presión del gobierno y los compromisos políticos de algunos medios, la información que estamos recibiendo carece de crítica, análisis profundo y reflexión, y eso es sumamente preocupante.
La realidad en el país es que muchos medios locales se encuentran acorralados por el miedo; algunos simplemente han dejado de cubrir la fuente policiaca o del narcotráfico; mientras que otros han optado por convertirse en transmisores de boletines oficiales que surgen de las oficinas de prensa del gobierno, y eso nos sirve muy poco, por no decir que no sirve de nada.
Lo que está sucediendo no es cosa menor, a través de los medios estamos adquiriendo sólo una parte de lo que sucede, y si es verdad que México va a entrar a una transformación, es necesario que la ciudadanía tenga todas las perspectivas y la mayor información posible.
El miedo no puede, ni debe ser el motor que genere los cambios que el país necesita; y lo que estamos encontrando en muchos medios es miedo y censura.
Carecer de medios que informen sin censura, es negarnos la posibilidad de ser ciudadanos más críticos y analíticos. Es por eso que el libre ejercicio del periodismo nos debe interesar y preocupar a todos.
Por otro lado, es importante que el Estado asuma el rol que le corresponde y brinde las condiciones para que todos los periodistas puedan realizar su trabajo sin condiciones de presión ni hostigamiento, sin importar si éstos están o no, de acuerdo con las acciones que el gobierno va emprendiendo.Porque me imagino que lo que movió a Luis Carlos Santiago, Armando Rodríguez, Regina Martínez, por mencionar algunos periodistas que han sido asesinados, fue su deseo de dar a conocer la verdad.
Aunque el dolor persiste y la impunidad parece que prevalece encima de todo, lo que los periodistas caídos nos han enseñado es que, no tener medios de comunicación libres es caminar a ciegas, es atentar contra la democracia, la justicia y la libertad, esa que tanto celebramos cada 16 de septiembre.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Ciudad Juárez: La Ciudad equivocada

La realidad reclamó su lugar en Ciudad Juárez, la masacre en el poblado de ¨Loma Blanca¨ dejó en evidencia que las cosas no han cambiado mucho y que hay regiones en el país que se encuentran prácticamente en el olvido. 
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz
Una de las fechas que quedó marcada en la memoria de Juárez, es sin duda el 31 de enero de 2010. Aquel día, sucedió uno de los hechos más violentos e impactantes de los que se tenga memoria en la Ciudad. En “Villas de Salvarcar”, una colonia ubicada al poniente de la Ciudad, un grupo de sicarios asesinó a 15 jóvenes, entre ellos estudiantes de diferentes preparatorias y universidades de la localidad, mientras se divertían en una fiesta en un domicilio particular.
Aquel trágico día representaría ser sólo el principio del año más violento en la historia de la Ciudad, mismo que se llevó consigo a más de 3,000 vidas. Este hecho despertó la indignación de la sociedad, en especial de los jóvenes, que veían con tristeza cómo sus espacios ya no eran lugares seguros.
Ciudad Juárez se convirtió en el foco de atención a nivel nacional e internacional. Los hechos violentos pusieron al descubierto que, además de la lucha de diferentes grupos del crimen organizado por establecerse en la ciudad, el problema era aún más profundo, un modelo económico descuidado, falta de empleos dignos y bien remunerados, nula creación de espacios educativos, culturales, deportivos y artísticos, entre otras cosas, signos claros de la deterioración del tejido social.
Aunque es cierto que los hechos violentos han disminuido considerablemente, me refiero particularmente a las ejecuciones, siguen presentándose situaciones que atentan directamente contra la sociedad: los asaltos y las extorsiones, por ejemplo.
Hace apenas unos días, en la antesala del fin del periodo del presidente municipal en turno, Héctor Murguía, (quien ha dicho una y otra vez que Ciudad Juárez ya es una ciudad segura) el fantasma de “Villas de Salvarcar” apareció para decir lo contrario: una cosa es que la violencia (en cualquiera de sus formas) no se deje ver, y otra muy distinta es que ya no exista.
El pasado 22 de septiembre, diez personas fueron asesinadas en el poblado de Loma Blanca, a las orillas de Ciudad Juárez. Hombres armados que se identificaron como parte del grupo delictivo “La línea”, dispararon contra un grupo de personas que se encontraban celebrando el triunfo que habían obtenido en una liga local de béisbol.
Las victimas de la matanza fueron siete hombres, dos mujeres y una niña de seis años. El hecho es totalmente desgarrador, escenas que no puedes imaginar y que aparecen como si nada; así pasa aquí, cuando piensas que lo has visto todo llega otra cosa que lo supera, más cruel, más impactante y más inhumano.
Los integrantes del equipo de béisbol y quienes los acompañaban a este importante festejo, porque quienes practican algún deporte, saben que no miento cuando digo que ganar en algún deporte es reflejo de entrega, compromiso y disciplina, de ahí su importancia. Los Cardenales, como se hacían llamar en el torneo local de béisbol, sintieron ese placer de la victoria, pero alguien decidió que ésa sería su última carrera, que el festejo sería breve y debía terminar con la muerte.
A un costado del trofeo, colocado sobre una mesa y que los ratificaba como los mejores del campeonato, quedaron los cuerpos de los jugadores que aún llevaban puestos sus uniformes, quedaron tirados, sin vida, destrozados.
Un día después de la masacre, en algunos poblados cercanos a Loma Blanca, aparecieron mensajes en bardas y mantas, en los que “gente de Gavino Salas” responsabiliza al grupo delictivo “La Línea” del asesinato. Decía uno de los mensajes: “La guerra es entre nosotros no con inocentes, nosotros no matamos niños ni señoras”.

La masacre en Loma Blanca ha puesto al descubierto que la guerra de la que hablan los grupos delictivos que se encuentran en la ciudad está viva; así como también ha permitido ver el abandono en el que se encuentran algunas zonas de la ciudad e incluso del país. Porque en el Valle de Juárez se siguen cometiendo muchas injusticias, porque las disputas del narco se mantienen, los retenes del crimen organizado continúan y el miedo avanza.
Lo que pasó en Ciudad Juárez es que “sacamos” al crimen del centro, de la ciudad, y éste se fue, al menos eso pensaron nuestros gobernantes y eso nos quisieron hacer ver, pero la verdad es que el crimen encontró una nueva morada en los márgenes, a las orillas, que por cierto, a pesar de la oscuridad en la que viven, también son ciudad.
El 23 de septiembre, Ciudad Juárez despertó con la noticia de que después de más de tres años, volvió a ser de nuevo el centro de atención de medios nacionales e internacionales: “Masacre en Loma Blanca”. Ni Villas de Salvarcar, ni Loma Blanca deben quedar impunes, no pueden ser dos historias en las que el motivo del crimen coincida. Después de lo que la ciudad ha vivido no es justo decir que los asesinos se equivocaron o confundieron, que era un pleito entre pandillas, que era una venganza o que simplemente las víctimas estaban en el lugar equivocado. La justicia tiene que ver y estar más allá de eso, no podemos seguir caminando y justificar la muerte y la violencia, debemos dejar de ser la ciudad equivocada.
Como ya es una costumbre, muchos de los titulares de los medios, de forma simplista, sin conocimiento y con muy poca sensibilidad, se concretaron a decir: "Resurge la violencia en Juárez", a ellos habrá que decirles que no, que ellos sí están totalmente equivocados, que de acá la violencia nunca se fue, nunca. 

jueves, 8 de agosto de 2013

La agenda violenta de los noticieros: “A cualquiera le puede pasar”

México vive un constante crecimiento de índices de violencia e inseguridad, aunque las causas parecieran ser evidentes, los medios de comunicación masiva también se han convertido en una parte silenciosa del problema.
Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz

Es un hecho que los medios de comunicación son un importante agente de socialización, a través de ellos no sólo nos informamos de lo que sucede en nuestro entorno, además, contribuyen a la formación de los individuos por medio de la apropiación de conceptos y nociones que tienen una relación estrecha con la forma en que nos relacionamos con los demás.

A pesar de las innovaciones tecnológicas, la televisión es un medio que sigue estando vigente y siendo accesible para la mayoría, es el principal medio de entretenimiento e información, razón por la cual, el poder que tiene este medio juega un papel fundamental para la formación de las sociedades. Las audiencias, activas o pasivas, tienen en consideración de lo que se habla en la televisión.
México en la actualidad vive un constante crecimiento de índices de violencia e inseguridad. Aunque las causas parecieran ser evidentes, los medios de comunicación masiva también se han convertido en una parte silenciosa del problema.Aunado al poder informativo que los medios han adquirido, especialmente la televisión, no se puede pasar por alto el aumento considerable de violencia, que ha modificado el quehacer de los medios. Alrededor del mundo se desarrollan diferentes conflictos que tienen como causantes las mafias, (que mediante asesinatos y violencia buscan el control de la droga, su producción y su venta) las ideologías religiosas, la cultura, la violencia intrafamiliar, el pandillerismo, etc.

Los medios con la intención de informar y/o entretener han reforzado el contenido violento de sus presentaciones, y ya no sólo hablamos de películas, caricaturas y series, ahora debemos presenciar en los noticieros la constante proyección de sucesos violentos que suceden en las calles. Lo que estamos viendo en la televisión dejó de ser ficción y se convirtió en violencia real.
Ante sucesos como asesinatos, ejecuciones, asaltos, la relación sociedad y medios ha cambiado; la sociedad, se ha visto orillada a recurrir a los medios para distraerse e informarse. El temor de salir a la calle y ocupar los espacios públicos ha provocado que las familias se encierren con la televisión encendida. Los medios le han dado prioridad a la noticias que tienen que ver con asesinatos, capturas y ejecuciones, justificando esta acción con legitimar la información.
La investigación científica sobre la relación entre violencia y televisión ha sido tratada desde hace tiempo. Sin embargo, aún no se ha encontrado una explicación definitiva. Lo que está claro es que mientras muchos sectores de la población han manifestado su preocupación y repudio por tanta violencia, la televisión la utiliza para alimentar el contenido de programas con excelentes resultados en niveles de audiencia y cuantiosos beneficios económicos.
Aunque distantes en el tiempo, algunos resultados parecen estar de acuerdo con el hecho de que la violencia en la televisión, desde cualquier perspectiva, afecta en la forma de pensar, en los estados de ánimo, en las emociones y hasta en los propios sentimientos de los individuos y que los grupos de audiencia más afectados a consecuencia de la televisión son los niños y los jóvenes.
A consecuencia de la situación que se vive en México, existe mucha preocupación porque las nuevas generaciones sean en un futuro personas violentas. Aunque es un tema que debe abordarse, es importante considerar los factores generadores de esta situación y afrontarlos.
Si en verdad nos interesa disminuir la violencia en el país, no bastará con llenar las calles de policías. Mientras tengamos tanta desigualdad, impunidad, corrupción e injusticia, las cosas no cambiarán.
De igual manera, si los medios siguen empeñados en, por una parte, establecer una agenda mayoritariamente violenta, y por otra, omitir información tratando de hacer creer que las cosas se han solucionado, seguiremos viviendo en un ambiente de mucha incertidumbre.
En un trabajo de investigación que realicé en el 2010, cuando el clima de inseguridad y violencia alcanzó su punto más grave, pude recuperar las voces de algunos jóvenes ante esta situación. Quizá algunos piensen que los jóvenes ya no ven la televisión, pero la realidad es que los usos que éstos les dan a los medios es lo que ha cambiado: ahora hay más pantallas, más posibilidades de informarse.Lo que estamos viviendo no es nada sencillo: ante la saturación de violencia nos estamos acostumbrando a ella, cuando vemos en las noticias que alguna manifestación o protesta fue irrumpida de manera violenta por la policía, la justificamos. Nos estamos acostumbrando a buscar villanos donde sea.

A pesar de que desde hace mucho tiempo a los jóvenes se les ha estigmatizado por ser violentos, rebeldes y perezosos, y que muchos de estos señalamientos vienen desde los propios medios, ellos han demostrado que les interesa lo que está pasando en su entorno.
En México, la violencia que ha sacudido al país ocupa posiciones informativas privilegiadas; desde la espectacularidad en las capturas de narcotraficantes, hasta la proyección constante y repetitiva de cuerpos humanos destrozados y mutilados.
El riesgo desde la mirada joven no está en convertirse en personas violentas, esa postura es muy cómoda y minimiza un problema más grave. Lo que debe preocuparnos es que, a través de tanta violencia, estamos enseñando a las nuevas generaciones a perder la esperanza en las instituciones, en la justicia. A los jóvenes les parece incongruente lo que ven en las noticias, no basta la captura de un poderoso narcotraficante si en las calles de su ciudad, de su barrio, todo sigue igual.
Los jóvenes no son presa fácil de la manipulación mediática, actualmente cuentan con más medios para estar mejor informados y tener mayores elementos que les permitan analizar lo que dicen; las redes sociales e internet no son un sustituto de la televisión pero sí medios de reforzamiento.
Después de tantas noticias relacionadas con asesinatos, es común escuchar a algunos jóvenes decir: “A cualquiera le puede pasar”, “Cuando te toca, te toca” y “Es la realidad y ya me acostumbré”.A través de las nuevas tecnologías los jóvenes comparten experiencias, ideas y sentimientos sobre lo que les interesa. La violencia como fenómeno social es algo que les preocupa y afecta; sus actividades, las de sus padres y la propia dinámica social ha cambiado, no sólo por la situación de inseguridad pública, también por la misma proyección que se da de lo que pasa en las calles a través de los medios.
Las coberturas noticiosas nos están inculcando a banalizar la violencia, todos sabemos que representa un problema social grave, pero a través de la cobertura mediática lo estamos asumiendo como algo normal y justificable, percibiendo la fuerza y la agresión como parte de nuestra realidad.
Si le queremos ganar la partida a la violencia, tenemos que hacerlo desde todos los medios posibles, es urgente que dejemos de reducir la gravedad del problema a un programa de noticias.

viernes, 19 de julio de 2013

Ciudad Juárez: Luchamos, intentamos y resistimo

Con su propuesta, Batallones Femeninos lanza un grito en contra de la muerte de mujeres en México.
 Noé Alí Sánchez Navarro / @noesanz

Es innegable que la violencia va dejando a su paso heridas profundas y dolorosas, que los estragos son cuantiosos y muchas veces inexplicables.
El presente siglo se encuentra marcado por altos índices de violencia, y en su incremento, las nuevas generaciones aprenden de las anteriores. Las víctimas pueden convertirse en futuros agresores. Sumado a ello, en la mayoría de los casos no existen las condiciones sociales para solucionar el problema.
En los últimos años, la violencia instaló su guarida en algunas regiones de México. En el sexenio de Felipe Calderón (2006 - 2012), la llamada guerra contra el narcotráfico dejó más de 80.000 muertos. Una guerra que ningún mexicano pidió pero que todos tuvimos que padecer, sufrir, llorar y resistir.
La situación de inseguridad pública y violencia es un problema que sigue afrontando todo el país. A pesar de la insistencia del Estado y de algunos medios de comunicación que afirman que la violencia ha disminuido considerablemente, la realidad es que las cosas no han cambiado mucho.
Ejecuciones, asesinatos, violaciones, asaltos, “carjacking”, “housejacking”, y otro tipo de actividades de este tipo se han hecho presentes en la realidad de esta ciudad.
Una de las ciudades más afectadas ha sido Ciudad Juárez, Chihuahua, donde la violencia se incrementó de manera alarmante y de forma prolongada. Aunque la ciudad ha sufrido desde hace mucho tiempo, a partir de 2008 experimentó otro tipo de violencia cruel e impactante.
De manera reciente, los hechos violentos se convirtieron en un lugar común para la ciudadanía: ejecuciones, asesinatos, violaciones, asaltos, “carjacking”, “housejacking”, y otro tipo de actividades de este tipo se han hecho presentes en la realidad de esta ciudad.
Aunado a lo anterior, la ciudad ya había sido sacudida por la ola de violencia y asesinatos contra mujeres. Desde 1993 a la fecha, se han presentado casos de mujeres desaparecidas, asesinadas, violadas y mutiladas, y aunque el número de víctimas ha disminuido, no significa que ya no se presenten.
Ante esta situación, la violencia se ha convertido en algo cotidiano que nos pertenece y forma parte de nuestra vida. La contemplamos en los demás pero también los otros la ven en nosotros. Uno de los daños más lamentables ha sido precisamente llenarnos de miedo, temer del que está enseguida.
Alguna vez leí una frase de la poeta española Dulce Chacón, decía: “Acostumbrarse es otra forma de morir”. Aunque ciertamente el clima de inseguridad y violencia no ha cedido del todo y que muchas heridas siguen abiertas, esta crisis también ha impulsado a las personas a no resignarse ni acostumbrarse a la violencia. Desde sus espacios y trincheras han resistido, le han dado batalla a la violencia, pero no con balas, lo han hecho a través de dar lo mejor de sí por su ciudad.
Uno de estos casos de resistencia y lucha en México es Batallones Femeninos, un grupo de Hip Hop de mujeres jóvenes, artistas, estudiantes, madres de familias y empleadas de maquiladora.
Son originarias de Ciudad Juárez, Chihuahua. Con su música han logrado encontrarse y fusionar sus ideas con otras mujeres artistas, para poder darle voz al dolor de tantas mujeres víctimas de la violencia. 
Batallones Femeninos surgió como resultado de una campaña que convocó a mujeres interesadas en el arte urbano.

Desde el primer paso, el movimiento denotó convicción por hacer algo distinto. A la primera reunión asistieron 25 mujeres, estudiantes, académicas, artistas, activistas y amas de casa, unidas por un sueño: realizar un colectivo femenino y poder mostrar sus propuestas a través del arte, siempre conscientes de que lo harían en una ciudad donde matan mujeres y no hay culpables.
Así nació Batallones, teniendo claro que las mujeres también pueden alzar la voz, exigiendo un alto a la violencia sin temer a la represión. En cuatro años han logrado a través de la música, la cultura y el arte, denunciar lo que están viviendo diariamente, pero también han asumido la responsabilidad de dar a conocer las cosas positivas que emergen a pesar de la tragedia.
En una ciudad que ha castigado tanto a sus mujeres, era un hecho que el colectivo tendría una tarea difícil, romper el paradigma de que las mujeres sólo deben dedicarse al hogar. Se han enfrentado a muchos cuestionamientos por su quehacer artístico, porque al hacerlo ha salido lo mejor de ellas y por desgracia, eso tampoco es bien visto. A pesar de estos obstáculos, han logrado construir un puente que expresa lo que sienten y sueñan, lo que les gusta y también lo que no.
A Susana Molina, Zayra Ordaz y Lorena Castillo también les gustan el amor y las flores. Creen en un mundo en armonía, pero saben que la realidad es dolorosa y que hay muchas mujeres a las que no se les ha hecho justicia. Saben que deben hablar de eso y luchar para resolverlo.
Batallones ha puesto el dedo en la llaga, ahí donde la herida sigue abierta, porque con su propuesta han lanzado un grito en contra de tantas muertes: “Queremos que esto pare, no queremos que deje de ser constante, sino que deje de existir”. Las historias que inspiran las letras de sus canciones, provienen de lo que está pasando en las calles, es darle un lugar a la memoria de tantas mujeres asesinadas.
A parte de hacer música, también han destinado parte de su tiempo a acompañar a padres y madres de mujeres desaparecidas y asesinadas porque ven las pesquisas y piensan en las mujeres de su familia.
Denuncian la indiferencia y prepotencia de las autoridades, les preocupa pensar que si a las personas que han perdido todo las ignoran, qué pueden esperar ellas: “Nos molesta la indiferencia del Estado, y lo que queremos y podemos hacer es seguir hablando de eso, decir que no se ha resuelto”.
Ante tanta crueldad, las jóvenes del colectivo lanzan un llamado a la ciudadanía a no ser indiferentes a la situación, porque no se trata de que los muertos hayan disminuido, se trata de que sigue sucediendo: “La ciudadanía dice que Juárez ha cambiado, pero las chicas no han regresado a su casa”.
Batallones Femeninos cree que el arte puede ser un buen camino para resolver la situación de violencia. Para ellas, el arte es mantenerse vivas, es levantar las caras tristes que van por las calles, con su música y sus murales. Lo que les motiva es transformar su realidad.
México tiene una cuenta pendiente y muy grande con sus mujeres, con las del pasado, las del presente y las del mañana; porque en la pérdida no hay borrón y cuenta nueva.
Quizá la historia no mencione a Batallones Femeninos, pero ellas habrán dejado una canción, un mensaje para el futuro: “No podrán decir que en Juárez mataban a las mujeres porque se dejaban, tendrán que decir que luchamos, intentamos y resistimos”.
No me cansaré de decirlo, México tiene una cuenta pendiente y muy grande con sus mujeres, con las del pasado, las del presente y las del mañana; porque en la pérdida no hay borrón y cuenta nueva.
Batallones Femeninos nos empuja a pensar y reflexionar que la justicia es vital, necesaria y para todos; porque sólo si la justicia llega para todas las víctimas, podremos estar seguros que dejaremos condiciones para que las futuras generaciones puedan vivir de manera digna, libre y justa.
Lo reitero: “Acostumbrarse es otra forma de morir”.

viernes, 26 de abril de 2013

Los jóvenes de México son dueños de una desilusión heredada.




Noé Alí Sánchez Navarro.
@noesanz


México es un país de jóvenes, así lo demuestran los últimos estudios realizados, tiene 36.2 millones de jóvenes, lo que equivale al 32% de la población total del país. De ese total, el 50.8% son mujeres y el 49.2% son hombres. En México la categoría de jóvenes incluye personas de los 12 a los 29 años de edad.
Pero, ¿México será un país para los jóvenes? de manera reciente se han presentado algunos estudios que nos obligan a reflexionar sobre la condición en que viven los jóvenes en nuestro país, los menciono precisamente con la intención de repensar a la juventud más allá de que los datos por sí solos representan un panorama alarmante y al cual deberíamos prestar atención.
Un estudio realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) menciona que el 54% de los niños y jóvenes de México viven en pobreza; el estudio señala que  21.4 millones de habitantes entre los cero y los 17 años sufren de carencias considerables en educación, alimentación, vivienda y salud.
También, El Banco Mundial presentó el informe: “La violencia juvenil en México” que destaca la situación sobre la violencia juvenil en nuestro país. Dicho informe menciona que las y los jóvenes representan el 38% de las victimas de los homicidios cometidos en México durante los últimos 10 años y que más de la mitad de los delitos ocurridos en el año 2010 fueron realizados por jóvenes entre 18 y 24 años. Es decir, los jóvenes se manifiestan como víctimas pero también como victimarios.   
Ante esta realidad que deja entre ver un futuro incierto y sombrío para las y los jóvenes, hace algunos días y en medio del período vacacional, cuando la opinión pública se encuentra relajada y a la par de la cobertura noticiosa de manifestaciones y protestas en contra de la reforma educativa, se dio a conocer que el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) pasaba a formar parte de la Secretaría de Desarrollo Social.
El IMJUVE fue fundado el 6 de enero de 1999, siendo presidente de la república Ernesto Zedillo, y aunque sus objetivos y funciones fueron cambiando, e incluso debo decir que diluyéndose, el eje rector en sus inicios consistió en profesionalizar los estudios y promover la investigación sobre juventud, además de fortalecer las relaciones de asociaciones, movimientos y grupos interesados en las juventudes con el gobierno.
El riesgo de agrupar, homologar, fusionar, unir o como usted quiera llamarle al desvanecimiento agónico de una Institución, que teniendo todas las condiciones y demandas para realizar un trabajo especializado en temas juveniles y que para el país es urgente, desaparezca, es dejar sin una instancia oficial que represente a las juventudes desde sus realidades e intereses; más allá de hacer una evaluación y análisis del desempeño del IMJUVE aquí el tema es el desinterés que una acción como ésta refleja.
Lo que cambia es que el IMJUVE dejará de ser un organismo público descentralizado, es decir, pierde autonomía, patrimonio y personalidad jurídica. La sola presencia de este Instituto permitía reconocer el valor y la importancia que tienen los jóvenes. Ahora estará “fusionado” a una de las secretarías más saturadas, puesto que desde allí se plantean temas que la actual administración ha marcado como prioritarios, por ejemplo la cruzada nacional contra el hambre, lo que quiere decir que el tema de las juventudes puede pasar a ser un tema secundario.
Con esta acción el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN) refleja la poca intención que tiene por acercarse a los jóvenes, a sus problemas, necesidades y actividades; simplemente porque con este cambio se burocratiza al instituto y ¿sabe lo que esto representa para los jóvenes? representa trabas, ambigüedad y lejanía.
Apenas en la campaña electoral del 2012 EPN se enfrentó al movimiento #YoSoy132, grupo de jóvenes con bases universitarias que demandaban entre otras cosas la construcción de una democracia auténtica, dicho movimiento permitió darle voz a muchos otros jóvenes, dejando clara su apatía por el entonces candidato; por ello me sorprende que en lugar de acercarse a través del Instituto que tenía las bases para crecer y consolidarse, decida “agruparlo” y con ello alejarse todavía más.
La situación de los jóvenes en México es alarmante, puesto que incluso el presente es incierto. La situación de violencia de los últimos años, aunado a las pocas oportunidades y la indiferencia del gobierno, ha puesto a los jóvenes en una gran encrucijada. Los jóvenes se han convertido en “carne de cañón” para el narcotráfico, uno de cada cuatro mexicanos ejecutados durante la "guerra contra el narco" emprendida por Felipe Calderón, es joven.

De igual manera los jóvenes siguen padeciendo de males generacionales, son dueños de una desilusión heredada, siguen sufriendo de pobreza, desempleo, falta de oportunidades educativas, violencia, falta de servicios de salud y discriminación, jóvenes que viven el exilio en su propio país.

Por esto es que me duele la desaparición del IMJUVE, porque representaba una gran oportunidad para dar respuestas a tantas preguntas, sé que no todo queda en manos del estado y que hay movimientos que ante esta crisis  tomarán fuerza a favor de los y las jóvenes. Porque de una cosa si estoy seguro, los jóvenes no están reclamando atención y tutelaje, reclaman espacios, igualdad y derechos.

http://mexico.cnn.com/nacional/2010/02/15/7-asesinatos-mas-en-ciudad-juarez-tras-la-partida-del-presidente