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viernes, 17 de enero de 2014

Oportunidad perdida: Los costos sociales de la deserción escolar

Además de las repercusiones académicas y económicas como resultado de la deserción escolar, hay otras causas y consecuencias de índole social que representan una tragedia anticipada, no sólo en lo particular, también es un golpe para el desarrollo económico y social de México.
De manera reciente la Secretaría de Educación Pública, dio a conocer que, un millón 47 mil 718 niños y jóvenes dejaron de asistir a la escuela en el último periodo escolar. Lo que según la misma instancia, representa un costo de más de 34 mil millones de pesos.
Además de dejar en evidencia que la educación es una de las áreas con más carencias y necesidades, y el fuerte golpe económico que dicha situación representa, un punto medular a considerar sobre la deserción escolar son las consecuencias sociales que trae consigo el hecho de no seguir estudiando.
No se descubre el vapor cuando decimos que uno de los problemas que más afecta el desarrollo del país es precisamente la educación. Aunque se trata de un derecho para todos los mexicanos, desgraciadamente no todos tienen la oportunidad de asistir a la escuela.
Diferentes organismos, instituciones y académicos, han hecho ver que un gran porcentaje de niños que inician la educación básica no logran concluir una carrera profesional, e incluso ni el bachillerato, donde por cierto, se encuentra focalizado el mayor porcentaje de abandono escolar.
Al interrumpir sus estudios, miles de niños y jóvenes condenan su futuro. Si consideramos que las oportunidades para aquellos que logran concluir una carrera profesional son reducidas, aquellos que no pudieron terminar ni siquiera la primaria, están en plena desventaja.
Si bien es cierto que, el estudiar no garantiza conseguir un buen empleo, y que el hecho de no estudiar forzosamente lleve al fracaso, el abandono escolar tiene fuertes implicaciones y costos sociales. No sólo me refiero al impacto a niños o jóvenes, que aunque en definitiva son los más afectados, la sociedad en general paga un enorme precio por eso.
Apenas el año pasado se concretó la cuestionada Reforma Educativa, y aunque seguramente tendrán que pasar algunos años para empezar a ver resultados (buenos o malos), básicamente tiene como objetivo mejorar la calidad de la educación, particularmente desde el salón de clases.
Pero es aquí donde tenemos que hacer un alto, no todos los niños o jóvenes que dejan la escuela lo hacen por cuestiones académicas, es decir, no sólo se trata de que no puedan o no tengan las capacidades para aprender, o que el maestro no enseñe de la forma adecuada.
Cada espacio vacío en un salón de clases representa los otros rostros del México en rezago. Se convierten en sinónimo de pobreza, violencia y desigualdad. Todo ello se resume en oportunidades perdidas. Oportunidades que otros han sabido cómo utilizar.
Basta con hacer un recuento de los niños y jóvenes que se han convertido en victimas y/o victimarios de la violencia para saber quiénes son los que han aprovechado estas oportunidades perdidas. Desde el inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico, se incrementaron los hechos en que menores de edad tenían relación con alguna organización criminal, ya sea como vendedores de droga, “halcones”, e incluso como sicarios.
Con frecuencia e insistencia, los medios de comunicación han condenado esta situación. Repiten reiteradamente que cada vez son más jóvenes aquellos que se dedican a delinquir, robar, asaltar o extorsionar; pero, ¿por qué no pensar que son precisamente esos mismos jóvenes que de niños no pudieron continuar con sus estudios? La diferencia es que eso no causó indignación, y por lo tanto, tampoco fue noticia.
México pasa por una crisis en materia de seguridad que se incrementa agónicamente, lo más delicado es que la solución parece todavía muy lejana. Por eso ante un panorama así, es necesario que se inviertan mayores esfuerzos en la prevención y la contención de males que terminan siendo estructurales.
Una de las salidas es la educación, aunque es cierto que se necesita una fuerte inversión en la capacitación y actualización de los maestros, además del mejoramiento en infraestructura de las escuelas, no se puede dejar de lado los factores que hacen (im) posible que un niño asista a la escuela.
No hay en el mundo un país que haya visto el desarrollo sin invertir en la educación de sus niños y jóvenes. El que ellos asistan o no a la escuela, queda más allá de un tema de responsabilidad familiar, en ello, seguramente va implícita la pobreza y la precariedad, padres que tienen la necesidad de enviar a sus hijos a trabajar, y que ante la escasez y muchas veces el hambre, los convierten en presas fáciles del olvido.
Es vital para México que los niños tengan en sus manos más libros y acceso al conocimiento, que esas sean sus armas para la vida, el mundo que les dejaremos seguramente será más complejo que el de hoy, y en definitiva, es mejor tener un salón de clases lleno, que una oportunidad cedida al crimen sin ninguna resistencia. 

viernes, 10 de enero de 2014

Brecha Digital: La otra exclusión

En los últimos años, el desarrollo de las Tecnologías de la Información ha crecido considerablemente. Si bien el acceso a las mismas se ha incrementado, también han provocado una marcada separación entre quienes tienen la oportunidad y capacidad para utilizarlas, y aquellos que no.
La llamada Brecha Digital, como se le ha denominado este fenómeno, puede ser vista desde diversos ángulos, aunque el resultado viaja siempre hacia la misma dirección: La exclusión y la discriminación. 
El mismo concepto nos obliga a mirar y reflexionar que esta separación empieza a ser más marcada y determinante que la provocada por el analfabetismo tradicional. Los que no están “conectados” sufren las consecuencias y la marginación del determinismo tecnológico.
Pasaron muchas décadas antes de que México pudiera tener una cobertura relativamente aceptable en cuanto a personas capaces de leer y escribir. Pero cuando 
llegó, se encontró con que la comunicación había dado un brinco más allá de lo escrito y se encontraba instalada en la era de la Tecnología y la Información, donde leer y escribir no siempre son suficientes.
Para algunos, el fenómeno de la brecha digital sólo se da en las regiones del país con menos desarrollo o en las zonas rurales, pero no es así. La situación es aún más complicada de lo que parece a simple vista, estamos tocando la puerta que abre paso hacia una nueva forma de exclusión social.
Cuando hablamos de exclusión social nos referimos a los individuos que viven en serias y marcadas desventajas ante el contexto actual, es decir, en situaciones de pobreza extrema, marginación, carencia de servicios básicos y falta de oportunidades.
Esta situación ha provocado que nos encontremos ante una nueva y desafiante realidad, el “Analfabetismo Digital”, individuos que simplemente no tienen relación, acceso y/o vínculo con las tecnologías.
Y es que, aquellos que no tienen contacto con la tecnología no lo han hecho sólo por cuestiones económicas, hay otros más que no tienen los conocimientos que se requieren, mientras tanto, quienes viven en zonas de difícil acceso, hacerlo resulta prácticamente imposible.
Contrario a lo que muchos pudieran pensar, la principal causa para que se dé la brecha digital no sólo es la tecnología y sus usos, también son determinantes la pobreza, el rezago educativo, la carencia en infraestructura y la limitante de la cobertura en todo el país.
Para el 2013, se dio a conocer que en México, 49.4 millones de personas son usuarias de una computadora y 46 millones usan Internet, esto según la Encuesta en Hogares sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información.
Según el INEGI, hay 11.1 millones de hogares que cuentan con computadora, lo que equivale a más del 36% del total; es decir, el 64% no dispone de un ordenador.
En cuanto a la conectividad, son más de 9 millones los hogares que tienen conexión a Internet, lo que corresponde al 30.7% del total del país, lo cual indica que casi el 70% no tiene acceso a la red desde su casa.
Sin embargo, aunque se ha registrado un crecimiento importante en cuanto a niveles de uso, aún hay mucho por hacer. No sólo por aquellos que no tienen acceso a una computadora o a Internet, también es importante lograr que la tecnología tenga un mayor impacto social y productivo. 
Aunque se pudiera pensar que aquellos que tienen mayores oportunidades tecnológicas (cuentan con computadora, servicio de Internet y conocimientos informáticos) tienen más posibilidades de desarrollo, educativo o laboral, no es así. Dicho escenario pone en evidencia la arriesgada situación en la que se encuentran los “Analfabetas Digitales”.
Desde hace más de una década, en México se han implementado diversos programas para reducir la brecha digital, tanto por el gobierno, como por la misma sociedad civil y el sector privado, pero no han sido suficientes para disminuir el rezago existente.
Entre los proyectos planteados, el más reciente es el del Presidente Enrique Peña Nieto, denominado: Estrategia Digital Nacional (EDN), que tiene como finalidad ofrecer mayor transparencia y simplificar trámites, además de mejorar cuestiones relacionadas con salud, educación, seguridad y economía.
Para la reducción de la brecha digital, es importante que se afronte de manera integral y no sólo se quede en una lista de buenas intenciones. Por eso las líneas de acción que se emprenderán a través de la EDN, deben ir más allá de la instalación y dotación de infraestructura, tal como se ha hecho en planes pasados.
No quiere decir que ofrecer computadoras a niños de educación básica sea un gasto inútil, siempre y cuando se haga con el pleno conocimiento de que el problema tiene más fondo. La herramienta tecnológica no garantiza el conocimiento por sí sola.
Otra de las cuestiones fundamentales para reducir la brecha en México, es el acceso y la penetración de Internet; además de que es importante que muchos puedan hacer uso de la red, es necesario que su acceso sea viable para la economía de las mayorías, y que éste sea en las mejores condiciones posibles.
México tiene enfrente un desafío que al ritmo del modelo social vigente, resulta impostergable y en el cual, no sólo se trata de invertir millones de pesos en equipo. Si los planes para reducir la brecha no contemplan a los más vulnerables, la tecnología no será una puerta al desarrollo, sólo se convertirá en una nueva forma de excluir, de dividir y de apagar… 

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viernes, 6 de diciembre de 2013

La violencia escolar: Espejo de la descomposición

En México, durante los últimos años, la violencia escolar se ha incrementado alarmantemente, uno de los principales motivos es que la agresión, en cualquiera de sus formas, se ha naturalizado y legitimado en la sociedad, hogares y medios masivos de comunicación.
Por Noé Alí Sánchez Navarro / Janette Rodríguez Silva
Aunque es un hecho que la violencia escolar o “bullying” ha existido desde hace mucho tiempo, de manera reciente se ha hecho más visible, dañina y cruel. Además, ahora cuenta con otro factor que la hace más impactante: la violencia social.
Precisamente, y a consecuencia de la inseguridad que se vive en las calles, se han implementado programas para evitar que los abusos traspasen los muros de los centros educativos, desde la instalación de videocámaras en el interior de las escuelas hasta la intensificación de programas de autoestima. Pero, ¿qué sucede cuando la violencia ya está adentro?
Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), se calcula que en México,  cuatro de cada diez alumnos han sido víctimas de acoso o agresión por parte de algún compañero. Mientras, para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), nuestro país tiene el deshonroso primer lugar en casos de “bullying” en nivel secundaria. 
Recientemente, se han presentado casos que dan cuenta de la crueldad y el tamaño del problema que tenemos frente a nosotros, ése que muchos insisten en minimizar y reducir al decir que es algo normal, que todos los niños deben pasar por eso porque forja el carácter y así se aprende a relacionarse con los demás.
Un suceso reciente es el de Angelina, una joven de 16 años de edad y de origen Mixteco, quien ha sido víctima de la violencia a manos de sus compañeros de la Escuela Secundaria Técnica Número 42, en Tepito, desde hace dos años y medio.
En un video grabado por los mismos atacantes, se muestra cómo golpean a la joven en el suelo, rematando la violencia con una patada en la cara. Angelina, con cicatrices en su rostro, declaró que en otras ocasiones ha sido encerrada en los baños y orinada por sus compañeros, también relata que sus maestros y personal de la Secundaria han sido testigos de los actos en su contra pero la han ignorado, al igual que las autoridades, a donde la adolescente acudió en compañía de su madre, que no habla español, y al tratar de denunciar las agresiones, nada ocurrió.
Otro desafortunado ejemplo es el de una niña de tan sólo seis años que fue violada en el baño del colegio particular “Las Torres” en Culiacán, Sinaloa, por un menor, mientras dos la sujetaban y otro más vigilaba la puerta. Los cuatro agresores, ya reconocidos por la víctima, son miembros de la institución educativa y tienen entre 10 y 11 años de edad, razón por la que el Presidente de la CEDH, Juan José Ríos Estavillo declaró que “no son sujetos a sanciones penales”.
Los varones no quedan excluidos de la violencia dentro de las escuelas. Ese es el caso de un niño de seis años de edad, miembro de la escuela primaria Miguel Hidalgo en Guadalajara, Jalisco, que fue obligado por tres compañeros de su hermana, de cuarto grado, a entrar a los baños de la institución. Estando dentro, uno de ellos le bajó los pantalones y la ropa interior, sujetó su prepucio y lo cortó con unas tijeras frente a la mirada de sus cómplices de 8 y 9 años.
Finalmente, y para darnos una idea del grado de violencia que han alcanzado a tocar aquellos que serán el “futuro del país”, está el caso de Antonio de Jesús López Monje, un niño de doce años de edad que debido a los golpes que le propinaron cinco alumnos de la misma escuela en que estudiaba, la Secundaria Galileo Galilei en Amozoc, Puebla, hace poco más de un mes, cayó en estado de coma luego de un derrame cerebral.
Los médicos tomaron la decisión de retirar una parte del cráneo a causa de la gran inflamación del cerebro de Antonio, quien hoy, no es capaz de reconocer ni a su propia familia, además de tener la mitad de su cuerpo paralizado y estar a la espera de una nueva intervención para determinar si recuperará la movilidad o tendrá secuelas de por vida.
Se escucha con frecuencia un serio enjuiciamiento hacia los maestros y directivos de las escuelas. De hecho, en algunos casos han sido apartados de sus cargos por este tipo de incidentes, pero el problema tiene más fondo: no toda la responsabilidad está en el aparato escolar.Es vital que como sociedad asumamos que las agresiones que estamos viendo en las escuelas, son reflejo de lo que está sucediendo en las calles, en la casa y en los medios de comunicación. No le podemos exigir a un niño que no actúe o reaccione de forma violenta, cuando todo lo que tiene a su alrededor está lleno de ella.
Hoy, los niños utilizan palabras y realizan acciones que escuchan y ven en torno a la violencia, y no hablo sólo de películas o caricaturas, sino también de los programas de televisión familiares y noticieros. Por eso, es común que desde temprana edad estén jugando a cosas relacionadas con delitos; asignándose roles como el de secuestrador, extorsionador y sicario.
Como sociedad hemos aceptado la violencia como método para la resolución de problemas, y después queremos que las próximas generaciones la rechacen y condenen…es el doble discurso que nos pone el pie sobre el cuello.
El problema es mayúsculo, así es que, si en el futuro queremos tener ciudadanos de bien, empecemos por ser congruentes y aceptando nuestra corresponsabilidad.

martes, 8 de octubre de 2013

Mundo: Desempleo Juvenil

Los jóvenes desempleados en el mundo siguen aumentando alarmantemente,   lo anterior es reflejo del abandono en el que se encuentran las y los jóvenes, que lejos de ser el futuro, están padeciendo un presente desalentador. 
Según el informe de la OIT, aproximadamente 75 millones de jóvenes menores de 25 años se encuentran desempleados.